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ALREDEDOR DE LA DERROTA. Marcelo Enrique Scalona
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«En otro momento, nena, la política hacía un trabajo de fortalecimiento familiar que tenía que ver con una escolaridad o una salud reforzada, tratamientos médicos a los que había que llegar, documentación. Hoy arrancás con un niño que entró golpeado al hospital, con el cráneo partido, o porque hubo una situación de abuso sexual, o porque el bebé recién nacido entró con abstinencia porque su madre consumía durante el embarazo. Son cosas graves desde el vamos y los tiempos de intervención también son mucho más cortos. Ahí es donde no aparecen los adultos. Hacés la presentación a la Dirección de Niñez para proponer a posibles cuidadores pero hay situaciones en las que no tenemos a quién proponer. Ahora ni siquiera podemos contar con las abuelas. Estamos hablando de abuelas que por ahí tienen 45 años porque los padres tienen 18 o 19. Son abuelas que están en la trama ilegal. Son las cajeras. Madre. Madres. Muchas mujeres se han incorporado al circuito de venta. Antes buscabas a los pibes de la calle, ahora tenés que buscar a las madres. No hay adultos. No hay.
Los niños dejaron de ser futuros ciudadanos para transformarse en consumidores plenos. Primero fueron las maquinitas de juegos, luego las computadoras y celulares, ya no necesitan ni la asistencia ni las enseñanzas adultas. Para eso están las máquinas y ya hace tiempo que los androides sueñan con ovejas eléctricas.
La digitalización de nuestras vidas no tiene fin y en Maizal llevamos dos décadas de guerra urbana por el narco, con epicentro en las periferias, villas o barriadas que rompieron todo. El sacerdote Marcelo Francisqui, experto de Manuelita, Pueblo Nuevo y Villa Diego, el que ayudó a Javier y a Esteban en la fuga de Pujato y Casilda (El hotel donde soñaba Perón), dice: no hay más familiares que puedan paternar y maternar. Los padres de hoy son los niños de Vértiz, los que en los noventa que pedían en la calle y ya no saben cómo hacerlo porque la droga modificó la pobreza, la vida de los desposeídos. En Maizal vivimos una crisis humanitaria como para que se ocupara Naciones Unidas de nosotros. No hay adultos, porque ellos también necesitan ser rescatados. En una época en los comedores veías cien pibes y cinco adultos, hoy ves 50 y 50. No me preguntés dónde están los otros cincuenta chicos, están muertos. O destruidos mentalmente. En un futuro cercano todas las instituciones van a ser instituciones de salud mental. Al principio los narcos no dejaban consumir paco porque arruinaba a los drogadictos, y rompía el mercado. Pero la miseria arrasó con ese criterio comercial.
En el barrio solo existen los estados de WhatsApp. Un día un vecino publica: amo a mi hija, cómo te quiero Giuli, y le festeja el cumpleaños. Y al otro día publica: pagame Fabi o te rompo la cabeza. Y atrás la publicidad del préstamo: “Te presto hasta 1 millón”. Y cuando tomás el préstamo, empezás a deber por día. Yo te pido plata: 500 mil pesos. Y arreglo con él que la próxima semana le devuelvo 100 y de acá a diez semanas le pago el resto. Llega la otra semana y vos no tenés los 100, entonces el tipo agarra y te dice ‘yo te hago la cuentita: por día el recargo son 20 mil y los fines de semana 40 mil por día’. Vos vendés todo lo que tenés, todo. Y ya cuando no te queda nada, entregás directamente la casa o un pibe”.
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ALREDEDOR DE LA DERROTA.
novela en progreso, p. 57.
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