LA CAJITA
La verdad es que está quedando hermosa. Casi no lo creo, tener mi propia peluquería, poner las cosas donde yo quiera, decorarla a mi gusto. Y el nombre que elegí me parece maravilloso “Donne italiane”, porque soy un convencido de que la cuna de la moda es Italia y no Francia como piensa la mayoría. No será la Via Condotti pero avenida Pellegrini tiene lo suyo. En algún rincón especial del local tengo que colocar la cajita. Es una caja pequeña, de madera dura, oscura de tiempo, con dos pequeñas bisagras oxidadas que la unen a la tapa. Aunque está vieja y gastada, no puede dejar de acompañarme. Tendrá que estar en un lugar bien a la vista, ya que en su interior hay algo de un valor supremo, que quisiera compartir con todos. Ahí está guardada una navaja, una navaja que tiene historia, la historia del nono Orazio. El era peluquero. Nunca supe si aprendió el oficio allá en Italia, en Chicago o en Argentina. Decían de él que era el “peluquero de la mafia” y que en su peluquería habían matado a dos personas… Cada vez que veo El Padrino, con los paisajes de Sicilia y la música del Va Pensiero, no puedo evitar acordarme de él. Nunca supe cuánto de cierto había en aquellos dichos o si simplemente eran chusmeríos de la época. . Lo realmente cierto es que yo soy peluquero por genética.
Es domingo y llevo horas trabajando acá, me merezco un descanso y creo que un café, un cigarrillo y sacarme un rato las zapas me va a venir bien. Mi espacio, mi lugar ¡qué lindo, qué satisfacción! ¿Por qué será que hoy me acordé del nono varias veces? ¿será porque tengo algo para decirle? ¿será que es tiempo de agradecerle? Mis amigos siempre me dijeron que soy un volado con la imaginación –y es verdad-, por eso, en este preciso instante decido que el “ristretto” me lo voy a tomar con mi nono Orazio.
Ciao nonno, como stai? …quería contarte tantas cosas nono…vos ya sabés quién soy, el nieto mayor de Pepa, tu única hija mujer, el que con orgullo heredó tu oficio “peluquero” y que hoy, que estoy por abrir mi propia empresa, te pienso más que nunca, (a pesar de haberte conocido sólo por fotos). Es verdad, no te conocí en persona, porque biológicamente no nos dieron los tiempos, pero vos vivís en mí más de lo que te podés imaginar. Te cuento que fui a un colegio italiano, como también lo hicieron mis padres y lo hacen ahora mis hijos, y allí aprendí a hablar tu lengua y a conocer y querer cada rincón de tu querida Italia. El año pasado tuve la dicha de estar allí, en tu país (¿o el mío?) y¡ no sabés cómo se me erizó la piel al caminar por las calles de Sicilia!, cuánta emoción sentí al tocar con mis manos esa tierra, tierra que tuviste que dejar tan joven y a la que nunca pudiste volver. ¿Sabés que me confundieron con un italiano por mi manera de hablar? Orgullo para mí y para mis “professoressas”. En la pelu, que estoy terminando de decorar, colgué fotos de Agira, de sus calles detenidas en el tiempo, y por supuesto de San Filippo, aunque también puse de Trani y Potenza (para evitar celos familiares, obvio).
En mi casa, decir “buongiorno”, “andiamo” o “ritorno subito” son expresiones muy nuestras, tan propias como las rosarigasinas. Mirar la tele en la RAI o hinchar para los “Azzurros” en el mundial de fútbol nos es innato. Y sí, la sangre tira. Siempre trato de ir a los actos del colegio de los chicos y no te das una idea cómo salta el corazón en mi pecho cuando cantamos el “Fratelli d´Ítalia”, lo hace tanto como cuando suena nuestro Himno Nacional. Cuántas cosas más podría enumerarte que nos unen los spaghettis con tucco, el helado de “nocciola”, il “dolce far niente” de los domingos …creo que saber todo esto te va a poner muy feliz. Porque tu sacrificio de vida no fue en vano, porque hoy, aunque muchos años después podés ver sus frutos y lo que es mejor, podés saber que tu sangre está más viva que nunca, que tu lengua, tus costumbres, tus gustos, no murieron en aquel barco que un día te alejó de Italia.
Yo estoy aquí y al igual que yo muchos otros, que además de la sangre que corre por nuestras venas lucimos con orgullo nuestra “cittadanza italiana”…
¡Madonna Santa! ¡Qué tarde se hizo, la flaca me mata! En cualquier momento me suena el celular. Si le digo a mi mujer que me demoré porque me quedé hablando con mi bisabuelo, seguro no me va a creer. Mejor me dejo de conjeturas y termino de arreglar este lugar, todavía me falta un montón. Nonno, mi scusi, devo andare via, ci vediamo un´altro giorno, Arrivederci. Giovanni
– Juan, ¿me querés decir a qué hora pensás volver a casa?
– Ya, mi amor, en quince estoy
– Y al final, ¿dónde pusiste la cajita?
SILVINA POTENZA
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Este cuento resultó ganador con el 1º PREMIO en el concurso de cuentos 2010 de la Asociación Cultural DANTE ALIGHIERI de Rosario, la 2º Mención la obtuvo CELESTE GALIANO, también del taller.-
