Cuando Nora conoció a Borges
11 de Septiembre de 1919
Via della Ginnastica 241, Trieste
Querido Jaime:
Me alegro de saber que sufres por mi y espero que sigas haciéndolo por el resto de tus días. Debes prometerme que no abandonarás nunca tu cama sin haber padecido el placer de añorarme dulcemente. ¿Limpias seguido las sábanas? ¿Te ha recriminado el ama de llaves mientras miras por la ventana haciéndote el tonto, colorado como un tomate? Así me gusta, porque yo también, cuando por las noches ahogo en mis perfumes toda la cama, mientras me revuelco por bajo las sábanas, no paro de recordar tu cara de puerco, mi cerdito adulador.
Ayer, al volver del mercado, torcí mi rumbo y caminé a la vera del mar por la tarde. Su aroma me acompañaba a cada paso con mayor fervor e insistencia. Al llegar colgué mis bragas en la ventana. Sólo las volveré a colgar cuando sepa que estás cerca. Creo que nuestro vecino algo debe haber sentido, porque cerro la ventana nervioso al llegar su esposa.
La ropa interior que me envíes puedes esconderla, disimuladamente, entre uno de mis vestidos o una camisola. Si tu hermana se da cuenta es porque es igual a ti. ¿Piensas eso de tu hermana? ¿Crees que abrirá tus paquetes y hurgará para oler las prendas que me envías? Quizás hasta se las pruebe. ¿Te gustaría ver cómo le quedan a ella mis bombachitas? Creo que sí. Ya se te estará parando cuando lees esto.
Sí, como verás, ya se me ha pasado el enojo, irás conociendo mi carácter, el tema es que ya quisiera tenerte cerca otra vez para que pudieras sentir mis pechos todo perfume apretujando tus labios mientras dices esas cosas que quiero creer que sólo a mi me dices mientras yo respondo que sí, mi corazón, toda la quiero, sí.
Tuya, Nora.
Lunes 6
Adrogué, Argentina
Nora:
Indigno de sus letras, sus palabras, sus deseos, me atrevo a contestar su misiva. He de juzgar a algún inverosímil capricho postal el que hoy, mi doblegada curiosidad, haya encontrado en el buzón su carta.
Yo, que aplacado por la sucesión de la noches en vela espero, guardo la esperanza de una carta como la suya; mas otro remitente, quizás otra narrativa, las mismas pretensiones. Pienso en el destino, que indiferente a las formas, confunde los signos y las historias sólo para burlarse de nuestro afán por comprenderlo. No puedo desearle nada, pues todo mi deseo se ahoga en una sola persona, o esa persona anega todos mis deseos. Acaso, además, poco importen nuestros deseos.
Respondo sólo para decirle que su carta no ha llegado a destino. No soy Jaime; yo, desgraciadamente, soy Borges.
Nicolás Aimetti. Basado en la correspondencia entre Joyce y Nora Barnacle, y las cartas de Borges a Estela Canto.
