. 
—————–
Me lavo los dientes, la cara, los brazos, el cuello, las orejas. Todos los días bajo al Correo. Todos los días me masturbo. Dedico gran parte de la mañana a preparar la comida del resto del día. Me paso las horas muertas sentado, hojeando revistas. Intento, en las repetidas ocasiones del café, convencerme de que estoy enamorado, pero la falta de dulzura -de una dulzura determinada- me indica lo contrario. A veces pienso que estoy viviendo en otra parte.
– – – – – –
Recurrente, la desconocida cuelga del caleidoscopio. Le digo: <<Soy voluble. Hace una semana te amaba, en momentos de exaltación llegué a pensar que podríamos haber sido una pareja del paraíso. Pero ya sabes que sólo soy un fracasado: esas parejas existen lejos de aquí, en París, en Berlín, en la zona alta de Barcelona. Soy voluble, unas veces deseo la grandeza, otras solo su sombra. La verdadera pareja, la única, es la que hacen el novelista de izquierda famoso y la bailarina, antes de su momento Atlántida. Yo, en cambio, soy un fracasado, alguien que no será jamás Giorgio Fox, y tú pareces una mujer común y corriente, con muchas ganas de divertirme y ser feliz. Quiero decir: feliz aquí, en Cataluña y no en un avión rumbo a Milán o a la estación nuclear de Lampedusa. Mi volubilidad es fiel a ese instante prístino, el resentimiento feroz de ser lo que soy, el sueño en el ojo, la desnudez ósea de un viejo pasaporte consultar expedido en México el año 73, válido hasta el 82, con permiso para residir en España durante tres meses, sin derecho a trabajar. La volubilidad, ya lo ves, permite la fidelidad, una sola fidelidad, pero hasta el fin. >>
La imagen se funde en negro.
Una voz en off cuenta las hipotéticas causas por las cuales Zurbarán abandonó Sevilla. ¿Lo hizo porque la gente prefería a Murillo? ¿O porque la peste que azotó la ciudad por aquellos años lo dejó sin algunos de sus seres queridos y lleno de deudas?
ROBERTO BOLAÑO
La Universidad Desconocida