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EL POETA Y EL OMBLIGO DEL SUEÑO
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Poemas. Objetos de la muerte.
Eterna inmortalidad de la muerte.
Algo así como un goteo nocturno y afiebrado.
Poesía. Orina. Sangre.
Muerte fluyente y olorosa. Gran oído de dios.
Poesía.
Silenciosa algarabía de corazón.
Blanca Varela
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El enigma que encierra el universo literario que cada poeta es capaz de generar siempre me inquietó.
¿Cuál es la lengua del escritor?
¿Qué es lo que lo posiciona para hacer del uso de la lengua algo que lo diferencia?
Un relato de kafka, “Una cruza”, refleja en forma elocuente la condición extranjera de quien está solo en su singularidad en relación con el resto. Lo hace a través de un animalito “muy singular, mitad gatito y mitad cordero”. Por tratarse de una rareza, el protagonista nos cuenta las preguntas “que nadie podría responder” que le hacen los niños: “…que porque existe un solo animal como ése, por que lo tengo precisamente yo, que si ya ha existido otro animal igual y qué ocurrirá después de que él muera, que si se siente muy solo, que por qué no tiene cría, que cómo se llama, etcétera”.
Un gran afecto une al animalito con su dueño, quien percibe la extrañeza en que vive el gatocordero por tratarse de un ejemplar único que no tiene “un solo consanguíneo” A su vez, el animalito casi humano también parece percibir los problemas que aquejan a su dueño.
El gran acierto del cuento es que a ese ejemplar, para el cual la vida es una condena, una condena el protagonista debe conservarle la vida por haberlo heredado de su padre. Dice así el narrador: “No es mucho lo que he heredado de mi padre; pero esta herencia es digna de atención”.
Esta manera de vincular la singularidad y la soledad con la filiación paterna e ilustrativa para pensar la condición extranjera del escritor. La escritura ya no es el dialecto materno escrito en el cuerpo con los cuidados y primeros sonidos escuchados sino el pasaje de lo oral a lo escrito que nos remite por siempre a una condición extranjera.
Semejante herencia no solo nos proporciona ningún amparo sino que exige inventarse un decir, inventarse una lengua que salga de los surcos ya transitados.
Dice Gilles Deleuze: “Las obras maestras de la literatura forman siempre una suerte de lengua extranjera en la lengua en la que fueron escritas, ¿Qué aire de locura, qué soplo sicótico, atraviesa de tal modo el lenguaje? Un gran escritor es siempre como un extranjero en la lengua en que se expresa, aun si es su lengua natal. En el límite, toma sus fuerzas de una muda minoría desconocida, que no le pertenece sino a él. Es un extranjero en su propia lengua: no mezcla otra lengua con su lengua, labra en su lengua una lengua extranjera no preexistente. Hace gritar, hace tartamudear, balbucear, susurrar la lengua en sí misma”.
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SARA COHEN
El Silencio de los poetas,
Ed Biblos, p. 13-14
