Calveyra nació en Entre Ríos en 1929
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El hombre del Luxemburgo
(fragmentos)
A todos parecido, hombre oculto en las alas de su fantasía, va a perderse en lo hondo de un espejo. Como el que llegando del sol da con el alivio de una puerta, sentado en silla de destiempo, por poco una penumbra, por poco una habitación de donde se fueron sin encender la lámpara
sentado ante paisaje, discípulo de manantial, espera calzar en luz un día,
los personajes del poema entregados a su suerte,
inmovilizado jardín. La fotografía se cubre de fantasmas –el esplendor de pensar en alguien.
*
Un hombre necesitado de su muerte.
Retirada tras las estatuas de las reinas, por dirigirle la palabra, por acercarse a ella, una vez traspuesto el desierto de las mañanas se expone en los jardines de la ciudad atareada.
Entre las plantas que rodean el surtidor por poco oculto de la fuente. Como quien extravió un talismán en el pasar de los años.
Pasiones, se apagan como luz a una ventana.
Se va dejando ganar por ese lujo que se extenúa.
Jardín, oeste ya perdido.
*
¿Deseaba la palabra sujetarse al rigor de un verso?
Apuntes para una reencarnación
(fragmentos)
De nuevo ante tus ojos el espejo de proferir palabras, intocado espejo de nuevo intacto, desprovisto, por momentos, de hombre.
¿Pregunta acaso?, ¿te pregunta acaso? Nadie en él. Nadie a través suyo.
¿No queda nadie en el espejo? ¿Nadie entre palabra y palabra capaz de interrogar por la piedad del cuarto, de interrogar con su ojo glauco por la cancel agobiada bajo el percal de glicina?
Me recuerdas la oblicuidad de la palabra en el momento de encontrar cabida en el verso.
*
Escribir de árboles, los árboles de un jardín, escribirse uno con árboles, sentarse y escribir un día un libro de poemas a ello destinado. Hasta tanto no se presente la luz a que esos mismos árboles darán lugar, vida, y que terminará por ser del poema.
Detrás del horizonte hasta recién tan remoto.
A los varios cielos de la casa a lo largo de la tarde y al hombre que suavemente les dedica su dejo de entrerriano, hombre llegado del árbol de poemas, le siguen pareciendo mentira esas palabra. A medida que los describe, que de ellas y de ellos escribe el hombre es de ellas, de ellos, les pertenece, su raíz es, sombra es, su avatar es.
¿Y cuáles los arquetipos de esas tardes, azules tardes en la lejanía de unas lomas, telones de esta memoria? ¿las hojas del parral llegadas de Asia?,
¿la canción de las estacas puestas al sol a secarse ellas y los duraznos partidos en dos?,
¿demorarse un poco más tarde ante la pérdida del día, el sol poniente del tamaño de esta luz que somos, que poco a poco nos irá dejando?
Libro de las mariposas
(fragmentos)
Ahora que has muerto yo seré tu madre, me sentaré a esperarte.
Allá. Esperaré tus cartas con el mundo, en el rincón ocioso de la fábula me perderé con tus sonámbulos. Llegarán por la vecindad de serenata, ya cerca de una tierra que sabemos los dos.
Cuando seas niñita de nuevo te enseñaré la cartilla aquella con aquella ramita de saúco yendo por debajo (sin despertarlas) de cada palabra.
Y cuando me ponga viejo de nuevo, me sentaré en un meñique de sol a esperarte, a esperarte.
