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JOHN CHEEVER, Diario.-

 

EE.UU. 1912-1982

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En la madurez hay misterio, hay confusión. Lo que más hallo en este momento es una suerte de soledad. La belleza misma del mundo visible parece derrumbarse, sí, incluso el amor. Creo que ha habido un paso en falso, un viraje equivocado, pero no sé cuando sucedió ni tengo esperanza de encontrarlo.

Desde hace una semana pienso en Leander, Betsey y Eben sin escribir una palabra, sin avanzar. Y así veo que todos mis planes- el viaje a Génova, etc.-se vienen abajo. ¿Hay algo intrínsecamente defectuoso en estos tres que me impide aprehenderlos? Esta mañana pienso  en descartar la ópera.

Ayer llovió y el cielo estaba muy cubierto. A las cuatro B. y yo fuimos por Holbrook Road a casa de los K. El viento despejaba el cielo. A medida que la luminosidad y el color desplazaban las nubes y la luz se derramaba sobre el valle, el momento se volvía torbellino y euforia. Backgammon y ginebra.

Una tarde de patinaje en casa de los Newberry. Final de un día de invierno muy frió. El hielo que se contraía a causa del frío, hacía un ruido parecido a los truenos. Lo oímos al cruzar el campo helado, hacia la casa. Volvimos por la noche. No había nadie en el estanque. Ladraba el perro de los G. No había luna, el hielo estaba negro. Mientras patinaba hacia el centro del estanque, me parecía que las estrellas se multiplicaban, se volvían un torrente de copos de nieve. Al volver hacia la orilla, me pareció que disminuían. Estaba confuso. Puede que fuera por el whisky y el viento. O por mi ignorancia absoluta de cosmología.

Despierto antes del amanecer, cansado y lleno de buenas intenciones. No beberás. No harás esto ni aquello, etcétera, etcétera. Crece el canto de los pájaros: aleteos de palomas y cardenales. En medio del ruido me ha parecido oír un loro. <<Pedrrito quiere comer>>. Me he levantado cansado y cogí el de las 7:44. El río cubierto de bruma. Las voces oídas por encima. <<Bueno, primero lo hirvió y después lo asó>> El hombre alzó la cara y adoptó una expresión de beatitud, como si saboreara otra vez la cena de noche. <<Bueno, pues tenemos uno de esos asadores eléctricos. >> No, Nueva York no se parece en absoluto a Chicago; ni punto de comparación>>. Un cartel en la calle Veintitrés: <<NO PIERDA A SU PAREJA POR CULPA DE LA GRASA>>. Un escaparate lleno de crucifijos de plástico. La superficie de la ciudad es paradójica. Es una superficie reconfortante para los espíritus forjados a base de paradojas. En el sillón del dentista, vuelvo a pensar que soy como el prisionero que trata de escapar de la cárcel por una ruta equivocada. Sin comprobar si la puerta está abierta, sigo cavando el túnel con una cucharilla. Ay, pienso, si pudiera saborear un poco de éxito. Pero ¿me aproximo al éxito ahondando el pozo en que estoy? Por las mañanas, dormida, Mary parece joven de la que me enamoré. Sus redondos brazos el cobertor. El pelo castaño, suelto.

La cualidad perdurable de la seriedad y la pureza.

A medida que me acerco a los cuarenta sin haber conseguido ninguno de los objetivos que me había propuesto-sin haber alcanzado la profunda creatividad por la que me he esforzado durante años siento que adopto una posición menor, oscura, mediocre, que no es mi destino pero sí culpa mía, como si en algún momento me hubiera faltado de ingenio y el valor para ajustarme de modo competente a las formas que tenía a mano. Pienso en Leander y los demás. No es que sean historias de fracasos, esto no me asusta. Es que son crónicas aburridas, carecen de importancia, es que Leander, que pasea por el jardín en el crepúsculo, agitado por una pasión violenta, no importa a nadie. Trae sin cuidado. Trae sin cuidado… 

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DIARIOS, ed Emecé, p. 9-11-13