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EN EL SILENCIO- Celina Russo

Los martillazos retumban al otro lado de la puerta, ecos que se pierden en la vastedad de la mañana. Una pausa, breve, y recomienzan. Es poco lo que puedo hacer en esos segundos, donde el silencio, como en una calle vacía, se apodera de mi casa. Inútil ordenar los pensamientos, que con cada golpe, se desarman.
Sonrío al recordar cuando siendo una nena, mi hermano derribaba mis castillos. Pasaba largo rato encastrando los ladrillos de plástico- grises las paredes, rojas y azules, las puertas y ventanas- tratando que mis manos construyan lo que había imaginado. Nunca lo conseguía; ya la imposibilidad se hacía presente, dejándome confundida e impotente. Una y otra vez mi hermano desarmaba las piezas de colores. Me prestaba al juego, aunque a veces sentía la necesidad de verlo terminado. Entonces peleábamos. No importa el resultado decía mamá conmovida por mis lágrimas, sin atreverse a tomar partido, lo que importa es el durante.

Todo está en silencio. La mañana, fría y húmeda, no ayuda a que esa percepción imprecisa, que se escurre con cada golpe, tome forma. Un par de verbos, algún adjetivo suelto, nunca el apropiado. Y otra vez la casa se inunda con los ruidos del martillo. Por unos momentos, los albañiles y el mundo al que pertenecen, se desvanecieron. Si no fuera por los golpes, olvidaría que allá afuera, reproduciéndose hasta el infinito, hay otras personas. Sumergidos en sus trabajos, en las escuelas, en las calles, o del otro lado del mundo, disfrutando del sosiego que les ofrece la noche.
Es que tengo la capacidad de arrinconarme, de comprimirme; entonces me aferro a unos cuantos sustantivos y adjetivos; los persigo, incansable, tratando de descubrir lo que ocultan.
Quizás, el mundo sea eso: una cadencia de martillazos que interrumpe silencios.

CELINA