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MARINA ARP

 

Hace 15 años que voy al parque. Lo conozco con todos sus colores, sus cambios, otoño, invierno, primavera, verano y otoño otra vez, (como aquella película), gris, soleado, tormentoso, con sequía, con sus olores a pasto recién cortado, a la mugre que queda luego del fin de semana, a pororó, a lluvia, a azahar… Con sus diferentes públicos, los deportistas, los niños, las parejas, los perros, los artistas… Y mis cambios y mudanzas a través del tiempo, los comienzos festivos, la nostalgia, aquel 1º de enero desolado, las nochecitas de primavera con sabor a nuevo. El río, los follajes, los caminos de grava, la sombra bendecida, todo me es familiar y querido. Recién vuelvo y ya extraño su paz. Por suerte había poca gente y fui hasta el bar, Abril echada a mis pies, café al sol mientras se escuchaba el viento y un llamador de ángeles que alguien generosamente dejó por allí. La primavera llegó. Los azahares tienen sus botones a poco de estallar. Hay que estar atentos. Cuando se abren me acuesto entre ellos a sentir su perfume. Es una ceremonia anual que dura sólo unos días, no hay olor que se le iguale. Bajo la absolución de los árboles, dice el maestro y yo bendigo merecerla.

                                              Marina Arp