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MARÍA PAULA ALZUGARAY

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La insistencia del ganado,

 

el mismo miedo de siempre,

el de ser outsiders,

parias

ese de quedar fuera de lanada

ese de no cuestionar lo posible para modificar lo real

ese de ser rezagados,

de alfiletero en el cuerpo, shock

por la burla del pastor.

A esa inocencia olemos.

Alguien dirá

Por qué competimos.

Labranzas

 

No sólo blandos,

También vinimos para ser traicionados,

Para endurecernos y aprender

 que así es.

La debilidad viene de la naturaleza

A ella nos debemos,

Afortunados son los derrotados

Y todas esas cosas.

Para endurecernos y aprender

La diferencia entre lo que cae

Y lo que permanece

Entre la víctima y la herramienta.

Pero en la duda: Libertad.

¿Amaina lo que liga?

 

Tras el pabellón de caminos y años

Pude refrescar eso que le decía Ambarita a su novio:

“No me levanté el vestido, se me arremolinó”.

La redacción de su danza hizo la mañana confidencial.

No se soportó la oquedad  en el pasto.

Los loros de ahora,

Esos

Están degollados en aquel presente.

Apenas me queda el color de la canción que sonaba desde el almacén,

El herraje, el emporio de malvones entre nosotros, familia.

No se despertarán las luciérnagas

Me escondo en una hendidura

Con estos amuletos acopiados trato

De calmarlo todo en un mecer de espiguitas verdes.

Payando

 

Compongo a un dios verde

Sin mayores argumentos

Que un toque de alba, un par de berenjenas

Un frío a todo dar.

Ni estilos ni inmundicias el campo.

Marrón el silencio durmiendo en mecedoras

Y la tierra de tus buenas gentes.

Tu noche es más grande

Y se abren más en ti los domingos.

No se te ocurra esa tristeza de trébol.

Hotel de Gea:

Dilata tu cuarto menguante,

Tu azul clausurado, vamos al grano.

El mar te espera hace tiempo

Y habría  traído sirenos a estar frente a tu casa,

Un altar por todos los dioses!

¿quiere la vida esta lejana para siempre?

Sensiblería

Mientras sin ropa

Le decía “me gustó compartir con vos”

me acariciaba

vehementemente el hombro izquierdo

miraba sus ojos pensando

tanto hubiera ansiado

haber tenido los pies humedecidos, hacer el amor contra el vidrio

privados,

esa tarde granizada del jueves

que llovía

sobre el sorgo.

Gessler

 

Penachos indomables, teros rompieron la siesta

Búho rompiendo la noche

Torpes cardos, vacas como hongos florecidos

La brisa abejea entre las cunetas,

Toros jocundos rompiendo la mañana

Rompiendo el olor rancio de la quesería

Pacifistas caballos cebados de tanto amarillo

De tanto tierno choclo.

Fui a conquistar un paisaje zanjado, yodado

A ver el abandono de la loca Marita y su familia

Aprendí a cascotazos a errores a sapos a abrojos,

A berrear como tilingos de arpillera.

Haciendas cercanas en las que nos revolcamos

Ojivas nuestros cuerpos

Entre ronquidos y gallinas estercoleras

Sobre los campos de soja

Lejos del oleaje petrificado de los adoquines,

Lejos del riquerío

Más cerca del escarmiento apestoso.