.
La insistencia del ganado,
el mismo miedo de siempre,
el de ser outsiders,
parias
ese de quedar fuera de lanada
ese de no cuestionar lo posible para modificar lo real
ese de ser rezagados,
de alfiletero en el cuerpo, shock
por la burla del pastor.
A esa inocencia olemos.
Alguien dirá
Por qué competimos.
Labranzas
No sólo blandos,
También vinimos para ser traicionados,
Para endurecernos y aprender
que así es.
La debilidad viene de la naturaleza
A ella nos debemos,
Afortunados son los derrotados
Y todas esas cosas.
Para endurecernos y aprender
La diferencia entre lo que cae
Y lo que permanece
Entre la víctima y la herramienta.
Pero en la duda: Libertad.
¿Amaina lo que liga?
Tras el pabellón de caminos y años
Pude refrescar eso que le decía Ambarita a su novio:
“No me levanté el vestido, se me arremolinó”.
La redacción de su danza hizo la mañana confidencial.
No se soportó la oquedad en el pasto.
Los loros de ahora,
Esos
Están degollados en aquel presente.
Apenas me queda el color de la canción que sonaba desde el almacén,
El herraje, el emporio de malvones entre nosotros, familia.
No se despertarán las luciérnagas
Me escondo en una hendidura
Con estos amuletos acopiados trato
De calmarlo todo en un mecer de espiguitas verdes.
Payando
Compongo a un dios verde
Sin mayores argumentos
Que un toque de alba, un par de berenjenas
Un frío a todo dar.
Ni estilos ni inmundicias el campo.
Marrón el silencio durmiendo en mecedoras
Y la tierra de tus buenas gentes.
Tu noche es más grande
Y se abren más en ti los domingos.
No se te ocurra esa tristeza de trébol.
Hotel de Gea:
Dilata tu cuarto menguante,
Tu azul clausurado, vamos al grano.
El mar te espera hace tiempo
Y habría traído sirenos a estar frente a tu casa,
Un altar por todos los dioses!
¿quiere la vida esta lejana para siempre?
Sensiblería
Mientras sin ropa
Le decía “me gustó compartir con vos”
me acariciaba
vehementemente el hombro izquierdo
miraba sus ojos pensando
tanto hubiera ansiado
haber tenido los pies humedecidos, hacer el amor contra el vidrio
privados,
esa tarde granizada del jueves
que llovía
sobre el sorgo.
Gessler
Penachos indomables, teros rompieron la siesta
Búho rompiendo la noche
Torpes cardos, vacas como hongos florecidos
La brisa abejea entre las cunetas,
Toros jocundos rompiendo la mañana
Rompiendo el olor rancio de la quesería
Pacifistas caballos cebados de tanto amarillo
De tanto tierno choclo.
Fui a conquistar un paisaje zanjado, yodado
A ver el abandono de la loca Marita y su familia
Aprendí a cascotazos a errores a sapos a abrojos,
A berrear como tilingos de arpillera.
Haciendas cercanas en las que nos revolcamos
Ojivas nuestros cuerpos
Entre ronquidos y gallinas estercoleras
Sobre los campos de soja
Lejos del oleaje petrificado de los adoquines,
Lejos del riquerío
Más cerca del escarmiento apestoso.