El año se aproxima a su término
como una vívora entrando en un hoyo:
la mitad de su cuerpo ya está adentro
y nadie puede evitar que se escape.
Si intentamos agarrarlo de la cola
no importa cómo pero no hay remedio.
Los niños se mantienen despiertos a la fuerza,
toda la noche ríen y gritan. Ojalá
el gallo se abstuviera hoy de cantar,
y el tambor de señalar las horas.
Pero la vela termina de consumirse
y cuando me paro entonces veo en el cielo
la osa mayor ya medio inclinada.
¿Habrá el año que viene un nuevo año para mí?
El corazón piensa en el tiempo desperdiciado.
Disfrutemos esta noche mientras podamos;
todavía podemos llamarnos jóvenes.
Su Dongpo
Traducción Miguel Angel Petrecca
