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CUCHARA
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Cosa de no salir
Y andar de rincón en rincón.
No hay huellas en la oscuridad.
Andar con el lomo curvo,
Cuchara al revés,
Cuchara seca,
Hace años,
Saltando como langosta.
Arden, arden todas las migajas
Mientras el pájaro carpintero
Dale y dale con la pata de la silla.
Saltar de rama en rama
Y de rincón en rincón.
La escalera mandibularia
Al fin partida en dos.
Ladrillos de agua y aire
Cercan el último rincón.
Crac, crac,
Tapia que salta.
Suprema dentadura.
Adiós al sapo,
A la vieja viuda
A todas las ventanas arrinconadas
Por el vacío,
El gran rincón amable.
Los huesos se buscan a la disparada
Antes que se armen
De vuelta los opacos ladrillos,
Las paredes salgan a cazar ventanas
Y vuelvan los rincones
A guardar la distancia convenida…
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MULETA COMO NO HAY DOS
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No hay que esperar que la ropa se seque
O que el humo se vaya.
El silencio se aparece
Enorme
Como tigre mojado por la lluvia.
Es el gran gesto.
Después del incendio,
Mandíbula para cada cual
Y otra vez silencio.
La muleta que perdió el tren
Se apoya como escoba en la pared,
La oreja muda
Se aguanta como debe ser.
Al silencio lo pasaron por encima
Y ya perdió el mismo tren que la muleta.
Al humo no lo espanta nadie,
Y se queda fijo
Como ojo de vidrio.
Tac, tac,
Madera sin tocar,
La pared se manda mudar.
Queda el agua sin cortar,
Amablemente.
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MANCHA
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La mancha se descuelga,
Entera,
Y una oreja sube suelta y fresca
Busca donde posarse.
La mancha sigue de largo,
Voladora,
Hasta que se topa con las voces muertas
Que se lleva el viento.
Cuando las manchas se juntan
Dicen que es la vida,
Aleteando….
La tumba se arma de paciencia
Hasta hacerse transparente.
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RICARDO ZELARAYÁN , Entre Ríos, 1926-2010