AGUAFUERTES
CONVOCATORIA PÚBLICA
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Hay trámites que es preferible terminarlos cuanto antes. Concurrir a un baño público es uno de ellos. Situación incómoda en cualquier caso, una pesadilla cuando nos conduce allí la urgencia.
Soy mujer y esto acrecienta las dificultades; más allá de desconocer la íntima experiencia de enfrentarme a un mingitorio sé que la problemática de los hombres es sustancialmente menor por obvias razones. Todas estas especulaciones considerando que se asista con el objetivo de hacer “lo primero” porque para “lo segundo” estaríamos casi en igualdad de condiciones.
Si la puerta no es angosta encontramos una mesa o símil mostrador provocando un cuello de botella con el fin de hacer inevitable el intercambio obligatorio con la persona voluntariamente encargada de la limpieza, señora o señorita con guardapolvos, ojos, uñas y cabellos pintados, que insiste con hacernos llevar un rollito de papel higiénico, salvador por cierto, a cambio de “lo que usted pueda” que siempre será observado como un aporte miserable. Superada esta dificultad nos encontramos frente a varias puertas entornadas y dudando cual atravesar comenzamos a preguntarnos qué hacer con todo eso que llevamos encima, bolso, carpetas, echarpe, el saco me lo dejo puesto y espero no tirar el celular al inodoro. Aroma penetrante a… productos de limpieza, el piso húmedo no se sabe si aún o ya, o sea líquido de origen desconocido.
Comenzamos el ejercicio de contorsionismo para lograr con una sola mano sostener nuestras pertenencias que preferimos arriesgar a revolcar antes que dejarlas libradas al azar y bajarnos el pantalón o subirnos la pollera mientras con la mirada campaneamos la puerta para largar el “ocupado” ante cualquier amenaza de invasión.
Ahora debemos enfrentarnos al monstruo. Porque ese artefacto que nos provoca, que nos tienta a sentarnos y a relajarnos de una buena vez y cumplir con nuestra misión, liberar la vejiga a punto de explotar, puede ser la causa de nuestra muerte. Eso aprendimos. Nuestras madres son las culpables, como de todo en la vida pero ese es otro tema, del sentimiento aterrador que nos provoca un blanco inodoro público, con o sin tapa. Preocupadas por nuestra educación y salud nos impidieron apoyar las nalgas en ellos bajo amenaza de contraer infinidad de infecciones, enfermedades venéreas o hasta un embarazo (nunca nos preguntamos como llegaría un maldito espermatozoide hasta ahí si los hombres usan otro baño pero ya sabemos que son bichitos muy habilidosos responsables de miles de nacimientos en situaciones incomprensibles). Siendo niñitas nos sostenían colgando y cuando nuestro peso y sus lumbares, o el reducido tamaño del lugar ya no dieron más para eso, se ocuparon de enseñarnos todas las técnicas por ellas ejercitadas para embocar en el inodoro sin tocarlo ni con la cola ni con las manos tratando de no chorrearnos las piernas ni mojarnos la ropa y, obviamente, nada de apoyarse en las paredes que seguro son un caldo de cultivo.
¡SENTÉMONOS EN EL INODORO! ¡BASTA DE MEAR PARADAS!
Digamos no a los calambres de pantorrillas y sufrimientos inútiles. Seamos honestas, en esa posición, por mucho empeño que pongamos es imposible no gotear en los bordes. Hagamos causa común y disfrutemos del momento.
¡SI YO ME SIENTO, TODAS LAS SIGUIENTES SE PODRÁN SENTAR!
Rompamos los mitos ancestrales, aprovechemos la tecnología, hagamos cadenas de mails, de mensajes de texto, comentémoslo en las colas de los baños de las terminales de ómnibus, del boliche, del bar o del restaurante.
Los caminos largos comienzan por un paso, encontraremos muchas escépticas reacias a los cambios pero sostengamos nuestros argumentos con convicción y decisión.
¡EMPEZÁ AHORA!…eso sí, aseguráte de que ninguna desinformada haya entrado al baño antes que vos.
ADRI
