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(Un Mapa… 13 de marzo ’85)
Más mapas
sólo para atenuar
la precisión de una
pulsión incierta,
parecida al morir
Y sólo para fingir
saber dónde se juega
y baila y enferma y
muere.
Pequeño saber y amor
que ellos advirtieron
pero que no experimentaron
como masa: la ojiva de
los niños
Rincón que se maquilla
para disimular
una convexidad
que nos ahuyenta
y mata.
O simplemente, insistir,
como al perfumar furiosamente
los yelmos antes del combate:
para impedir el hedor que despedirían
sus cadáveres…
O escribir como perfumar
el yelmo. Bajo el terco sentido
de una extensión
infinita.
Tregua del Gran Vidrio del campo.
Y después, sólo el vidrio
común,
la muerte como espera fragante,
sosegada.
(Los recuerdos con nudos, 18 de abril ’85)
¿Te acordás?
No tengo memoria sino
De súbitos desentierros,
De hundir la mano en la arena
Y hallar una bombilla de oro,
Y al instante,
Extraviar el deformado anillo
Mordido por los gatos.
No tengo más memoria sino
Por súbitos atisbos de sentido
Lacunares en la sórdida tensión
De un momento en que se escucha
(o en que todos escuchan y advierten
La voz de un ausente en el hollín
De lo que digo…)
¿Te acordás?
Un tiempo que se desmultiplica
Desmultiplicándome
A mí,
Como padre y como hijo,
Como desenterrador y desenterrado
De un lugar, un juguete pasional,
De un delicioso momento
En la memoria imantado.
¿Te acordás?
Y ahí todo lo que se retuerce
En el te acordás repetido
Como un beso en su sello cotidiano
Pero ignoto; acústico pero muy mudo,
Apasionado: ¿te acordás?
La impostura
La impronta:
El delicioso momento de
Atisbar lo entintado
Y lo que caligráficamente apunta
A desnaturalizar lo escrito,
Dormido en lo calcado.
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*fragmento de EL VESPERTILLO DE LAS PARCAS, Ed Tusquets
Carrera nació en Cnel Pringles, (B.A.), ARG, en 1948