De repente uno se encuentra en un espacio infinito en el que se alza un ejército minuciosamente formado, miles y miles de francotiradores que apuntan simultáneamente a los pensamientos de quien encuentren vulnerable, pero más que ejército, es un cuerpo de baile, y más que guerra es una danza. Son palabras que entre grand jettes, ron de Jambes y alguna que otra improvisada pirueta, se disipan en el aire y se multiplican en una explosión dirigida hacia trece pares de ojos que las observan, trece pares de oídos que las escuchan, trece bocas que las degustan; hacia cada cuerpo desprevenido que sin esperarlo se estremece. Y cada tanto, se cuela alguna palabra que se dispara al alma y descoloca. Y de repente nos vemos atacados por la prueba de que Dios existe, por el Amor, por el Cielo y de vez en cuando por el Infierno. Escuchamos, sentimos, algo sencillamente complejo y la palabra má apunta directo a lo más profundo. Ahí es donde todo pierde el sentido mas una cosa es cierta. Estamos ahí porque entendemos que lo cotidiano es poesía.
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AILÉN también acaba de comenzar el taller y tiene 17 años.
