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Todos tus muertos
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– “A los cobardes, y también a los bondadosos que prefieren mirar el mal de algunos, y no el dolor de todos.” Francisco Urondo
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La noche anterior a la marcha habían peleado por teléfono. Esa tarde Clara emprendió rumbo a la plaza, allá se encontraría con ex compañeros de la facultad, amigos que aún conservaba aunque no pìsara la Siberia en mucho tiempo. Sentía el cuerpo pesado, los ojos cansados y sucios, pero lo pudo ver igual de lejos cuando formaba en su columna por Moreno. No quiso cruzar la plaza para saludarlo, el curso de la tarde haría lo suyo para hacer propicio el encuentro. Se acordó de Sur “A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”. Hacía exactamente un año atrás habían tenido su primer discusión de esas que desatan angustias, pero eran otras las mezquindades, y las distancias incluso. En aquel entonces Marcos estaba en Mar del Plata, participando con su organización en un congreso de la CTA. “Acá hay peronistas de verdad” le había escrito en un mensaje. Pero ya no recordaba más, no quería. La inmensa columna que abarcaba cuadras y cuadras tomó por fin el ritmo que toman las marchas de los 24: pausado, interrumpido, tenso. Clara sentía que el tiempo era imposible. Quería empujarlos a todos, arriarlos, pero decidió adelantarse ella misma. Retomó una marcha paralela sobre la vereda. Aprovechó que una de las chicas que iba en el grupo tenía una bicicleta y entonces fue inevitable salirse, era necesario. Se preguntó de quién serán los muertos y siguió buscandoló a él, que tenía la respuesta, porque él había inventado la pregunta el verano pasado. Después de un rato lo encontró. Marcos encabezaba su columna en la primera fila porque estaba encargado de la seguridad de los suyos. Hacía un tiempo que los gestos de su cara se habían endurecido y parecía más robusto que antes, quizás por eso, pensó Clara.
Lo buscó con la mirada, se correspondieron, se sonrieron y enseguida Clara cruzó la calle, le dio un beso y se abrió paso nuevamente de las multitudes formadas. “Las fracciones de las fracciones y las facciones porque ustedes, porque nosotros, Nosotros La Izquierda… Nunca voy a poder marchar con él, que se vaya a la mierda”. Clara siguió su propia columna a un costado -junto a los indecisos, los inorgánicos, los que están de paso- sintiendo un latido cerebral, una frecuencia mental que auguraba o concebía lo peor, o lo real que subyace. La raja invisible que separaba a los imbéciles, de los necios, de los miserables, de los conformistas, de los otrora ingenuos y de los injustos que pretenden el botín de la historia. Nunca se iba a desintegrar in situ esa gran marcha multitudinaria. Lo que la une es lo irreconciliable. Vamos todos juntos , pero no nos reconciliamos. Pensó.
-La sentencia del lunes va a ser polémica, va a haber quilombo.
-¿Por qué?
-Por Chomicky, lo van a absolver y se va a armar quilombo. Hay muchos casos como el de él. Con Rivas, por ejemplo, pasó algo parecido. El tipo entregó gente.
-¿Cómo? si lo hicieron re cagar,¿ de dónde sacaste eso?. Murmuró Clara, desencajada.
-Lo dice Bonasso, en Recuerdo de la Muerte… Es sabido que Montoneros tuvo más muertos, pero porque se señalaban entre ellos…
Triste, más triste que antes, Clara se acordó de la Juventud Maravillosa, en los hijos de esa juventud, en sus compañeros.
La marcha ya había quedado atrás, horas atrás, 36 años atrás. La noche del sábado doblaba con resignación la esquina en Pellegrini y Balcarce. Clara no dijo más, se calló. Perdió la pista, se quebró.
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EugeniArpe.