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ARIEL ZAPPA

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TE ESCRIBO

 

 

Te escribo porque no puedo viajar. Porque para viajar hay que salir. Y, yo, salir no puedo… ¿Y quién se lo prohíbe, me preguntó el médico de la obra social? No sé…si no  lo sabe usted, le dije…Te quería contar que la casa está linda. Con tu hermana, plantamos malvones. Que son plantas del montón, se quejaba tu hermana. Y, sí, del montón. ¿Cuál es el problema? Del montón… ¿y de dónde somos nosotros?

La plantamos en el fondo, sobre la medianera.

Tu hermana me llevó una bolsa de cal hasta la galería porque yo, no sé si te conté, que estoy un poco angustiado y no puedo salir de casa. Por eso no puedo viajar y te escribo, ¿te acordás que te lo conté al principio? Tu hermana me alcanzó el tacho y le preparé la pintura a la cal y allá salió la Martita a pintar. En una tarde la terminó. Los días de sol, de sólo mirar la pared, se te cierran los ojos de tanto reflejo. ¡Vení, vení a ver!, me gritaba tu hermana. ¿No sabés que yo no puedo salir? No puedo salir y por eso te escribo. Y la otra me quería hacer salir. ¡Que tipa terca! ¡Y los limones! ¡Mama mía, como vinieron este año los limones! Desde la ventana conté veintitrés. Veintitrés limones en una sola planta, la que está pegada a la bomba de agua. Fue solo decirle a tu hermana que el limonero había dado veintitrés limones que me contestó: ¡cuarenta y cuatro limones dio este año! ¡Contados por mí! Lo que pasa es que como vos nunca salís… Pero si será camorrera, ¿qué tiene que ver que yo no salga? Yo cuento veintitrés desde la ventana porque me tapa el tapial. Además, si fuesen menos, ahí estaría el problema. Pero si ella los contó y son más, ¿qué necesidad tiene de gritarme de esa forma?

No quiero quitarte tiempo con todo el trabajo que debes tener allá, en el sur. Ayer estuve viendo lo de la huelga. Con la plata que sacan con el petróleo y, encima, les niegan el aumento…manga de atorrantes. No sabés las ganas que me dan de estar allá, pero viste…

En la próxima encomienda te mando un queso y un salame. Quería mandártelo en ésta pero el vago de Rogelio no pasó. Lo llamé por teléfono y me dijo que se había olvidado porque tenía la mujer en cama. Que si quería, pasara por la casa que me los tenía preparado. ¡Pero no, le dije, si vos sabes que no puedo salir, Rogelio! Le dije que eran para vos, que me habías hablado por teléfono y me contaste que extrañabas de lo lindo comer un poco de queso y salame, que allá estaban carísimos. Pero ni así pasó el hijoeputa.

Bueno, te mando un abrazo grande. Y cuidate, mirá que la mano se está poniendo pesada. Vos no discutás que después te marcan y cagaste. Que se rompa el traste el delegado que para eso le pagan. Ojalá que para tu cumpleaños se me pase y pueda viajar. Si no, te escribo otra carta y te la mando certificada, así te llega seguro, con el salamín y el queso. Un abrazo. Papá.

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Ariel  Z