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Rockefeller
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El taxista es un muchacho joven, me saluda amablemente, se lo ve cansado. Le pido que me lleve a la Terminal. En cada semáforo el tránsito es una marea viva.
-¿Viaja lejos?
-No, a Casilda- Estoy segura que va a nombrar a alguien que conoce del pueblo, pero nada dice.
A veces nos sorprendemos descubriendo cosas tan simples desde la ventanilla de un taxi detenido; arrobados ante un atardecer de primavera, de pronto recordamos que hace muchos días que no vamos al gimnasio, que las caminatas y las frutas jugosas son maravillas al alcance la mano. La luz de paso peatonal comienza titilar y una señora apurada cruza la calle con dos hermosos perros labradores. Me llama la atención el brillo del pelo, de los perros, con un andar casi sincronizado con el paso de su dueña. Es una imagen donde todo está en armonía; los collares son tan bellos como la cartera, de un estilo clásico, de líneas definidas, con nombre de baya; tan exquisito que Clara diría “comme si de rien n·était”*. Pensé en Rockefeller
-¿Usted tiene perros? Yo tengo tres.
-Sí, tengo dos.
-Los míos son unos cuscos, pero mire, cuando me sienten llegar empiezan a ladrar, saben que soy yo; así que mientras me preparo unos mates les doy de comer y juegan… qué fieles son.
-Tantas personas debieran ser como ellos.
-¿Cómo dijo señora?
-Que usted tiene razón, son muy fieles.
-¿Son grandes sus perros?
-Rockefeller sí, es un galgo y el otro es un perro chico.
-¿Un galgo?
-Sí, un galgo, estaba muy herido y flaco. A los vecinos no les agradó nada que se quedara en mi casa. El galgo es un marginal… pero después fue un rey, con su collar de cuero amarillo y su nombre tan importante. Con el tiempo todos se encariñaron, pero él miraba el mundo desde la puerta, nunca más volvió a correr en la vereda.
-Rockefeller, qué buen nombre señora, me gustó, mi primo me está por dar un perrito, le voy a poner Rockefeller.
– ¿Cuánto es?
-Veintiséis.
-Buenas tardes.
-Que tenga buen viaje, señora, dígame, ¿quién es Rockefeller?
-¿Rockefeller?, un señor que tenía mucho petróleo, mucho dinero y muchos perros.
-Ah, chau señora.
-Gracias, chau.
M. Zulma Villalba
(*) Tomado del título del álbum de Carla Bruni “Comme si de rien n·était” (como si no fuera nada) financiado por la empresa Prüne entre otros.