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SAER + DANTE

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D A N T E

Empujaste a un hombre a la locura. Una

mañana caminando bajo el sol florentino

te vio destellar nítida, contra el tejido

de los sueños amargos de su última noche.

Inclinaste gentil

la grávida cabeza

y en la creciente de los años el ademán

tranquilo se incrustó como un diamante sobre el cielo

feroz y vago de sus días. Y en plena juventud,

después, moriste, casada con un hombre común

que te quería, desconociéndote. Oh Bice

Portinari, así son las mañanas de este mundo:

despertamos de un sueño amargo

y andamos como fantasmas

hasta que recogemos, del sol de nuestras ciudades,

un núcleo de claridad, o más bien una joya

férrea que veneramos, gastada y turbia,

en algún sucio amanecer.

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                                       Juan José Saer

EL ARTE DE NARRAR, Ed seix Barral p. 51