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RAMIRO GONZÁLEZ

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 Tendrá sentido

 

Debe haber empezado por las cortinas tan cercanas a las hornallas, aunque no estoy seguro. Después se expandió como la peste por toda la casa, marchitando fotos, destruyendo los muebles, oscureciendo las paredes.

Dicen que ante las situaciones límites uno saca fuerzas de donde no las tiene, pero Pedro a sus ochenta y tantos años no las tenía. No podía correr, no podía llenar un balde con agua ni levantar a Irene postrada en  la cama .Se recostó junto a ella, la envolvió en sus brazos y le dijo que todo iba a estar bien, mientras la casa se iluminaba.

 

Frutos del bosque

 

Acompañé a Santiago a un pueblo cuyo nombre no recuerdo. Me dijo que no quería manejar tanto, que a pesar de no tener carnet podía ser yo quien condujera el 504 donde vendían los árboles de arándanos. Quería hacer uno de esos negocios imposibles y poco rentables a los que nos tenía acostumbrado; así que no me pude negar.

El cartel de bienvenida nos indico que habíamos llegado. Le pregunte donde quedaba el vivero y me dijo que no tenia la menor idea, que  los muchachos del taller mecánico a mitad de cuadra, tal vez sabrían.

Al  encontrarlo, no por las indicaciones de los hombres engrasados, sino gracias al  azar, maravillo e inexplicable, no me dio tiempo a bajar del auto decretando que los árboles eran caros y pequeños.

Frenamos a comer en un parador de la ruta,  volvimos todo el camino a casa hablando de su infancia en Arocena.

 

Ella

Me mantuve sin moverme, sin dejar de mirarla, hasta que ella notase mis ojos rascándose contra su cuello, teniendo que tomar la iniciativa aunque sea para doblarme la cara de una  bofetada. Yo estaba hundido contra una pared desteñida con un vaso del cerveza tibia en la mano.

 Nos separaban cinco metros y algunos años.

Cuando giró la cabeza me miró con una dulzura y una timidez que cuando pienso en el amor aún la recuerdo.

 

Segundos antes de ducharme

 

Cuando corrí la cortina me pareció ver una pequeña obra de arte. Tomar en mis manos esas líneas negras que simulaban laberintos, caminos, círculos sucesivos sobre un fondo blanco ovalado.

Pollock, Rothko, Matta o simplemente pelos en el jabón.

 

Royale whit cheese:

 

Con el tiempo  olvidé a Mariana. Es extraño que lo único que permanece  en mi memoria sean sus  pies. Los recuerdo suaves y diminutos como una isla de Centroamérica.

Pasaba noches enteras masajeando mis manos con los pequeños pies. Posaba sus talones sobre mis palmas  mientras se recostaba en el sillón; precaria manera de abrazar un pedacito de felicidad.

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                                                         RAMIRO  G.