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NADA QUE VER CON NADA
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– Profe, ¡esto no sirve para nada!
– ¡Más aburrido…! Siempre con cosas de hace mil años…
– ¿Me podés decir para qué nos sirve estudiar esto?
Mi clase de literatura en un 4° año recibía esos comentarios alentadores. La lectura de “El matadero” y de la “La malasangre” a la luz de un fragmento de Michel Foucault sobre la circulación del poder, no se les hacía ni muy seductora ni muy significativa, para usar un término de moda entre los ministerios educativos.
– Esto no tiene que ver con nada- intentó otra de mis más contestatarias alumnas.
En ese momento irrumpe la directora en el aula y me anuncia que va a llevarse a cinco alumnos para prepararse para un certamen en el que van a participar con ella como asesora.
– Pero estamos leyendo…- dije tratando de defender mi espacio.
– Pero yo no tengo otro momento- dijo ella. Y se llevó a los chicos.
Mientras resignadamente espero el exilio de mis alumnos, veo por la ventana a un grupito de tres o cuatro varones de 3° que “convencen” a fuerza de empujones y demás, a un nene de 1° para que vaya a comprarles un sándwich a la cantina. Se nota que el nene no quiere, está colorado y transpirado, pero agarra la plata y al rato vuelve con el pedido.
Tanto la clase como yo misma nos hemos dispersado bastante. Quiero volver a la lectura, a pensar sobre unitarios y federales luchando por el poder a lo largo de la literatura argentina. Les pido a mis chicos que rompamos las hileras y nos sentemos en círculo. Una forma trillada de alterar el orden establecido, pero un intento al fin. No funciona del todo: de alguna manera sigo siendo el centro: tengo y doy la palabra, manejo los tiempos, impongo el silencio. Les pido opiniones sobre lo que pasó: la invasión de la directora en mi clase, la escena de mini- bullyng en el patio. Les pido que lo relacionen con lo que veníamos charlando. Les pido que piensen en las peleas por el poder. Nada. Nada. Nada. Suena el timbre. Me voy cabizbaja a mi casa.
Mientras almuerzo veo las noticias. Cristina contra Moyano. Los conservadores contra Lugo. Los familiares de los muertos en la autopista contra el destino. Algún periodista que habla del unitarismo de Cristina y de su falacia federal. Mempo que se descuelga con un Manual de gorilismo. Los jubilados contra Argenta. Boca contra Corithians. Bonfatti contra Speciale. El PRI contra el PAN. Pan, pluf, plaf… todo es una eterna controversia.
Termino y reviso mis apuntes de clase. Mis alumnos insisten en la inutilidad de pensar en las peleas por el poder. Claro. Les es tan ajeno. El joven unitario igual murió reventado, Rafael nunca pudo escaparse con Dolores y el poder le agarró la mano a la educación hace rato. Le agarró la mano y le cerró la boca. Y es difícil deshacer esa trampa que nos aleja de todo.
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V. Bachmann