MAMÁ, MAMÁ, MAMÁ YO QUIERO
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Hace algún tiempo me tocó en suerte abordar un taxi de esos que llevan al volante a uno de estos filósofos ciudadanos de confusa ideología y agobiante verborragia.
Apenas le indico mi destino, el hombre lanza como al pasar la preguntonta que, un poco por cortesía y otro por distracción, una responde sin pensar que dicha respuesta implicará la consiguiente habilitación al diálogo durante el tiempo que dure el cautiverio en el asiento trasero del vehículo:
-¿Ya se va para casa?- interroga
-No, vuelvo al trabajo, me queda rato todavía- contesto, sin considerar que la extensión de mi respuesta era absolutamente innecesaria, ya que en realidad lo que el tipo necesitaba era un pie para arrancar con sus aforismos y sentencias…y arrancó nomás. Con la misma continuidad con que se sumaban los centavos en el reloj y atravesaba callecitas en la pantalle del GPS, nuestro hombre recitaba una tras otras las condenadas frases»y no hay plata que alcance», «Hoy día hay que trabajar diez doce horas», «todo aumenta», «si no trabajan los dos…», » Hay que tirar parejo del carro, si no nos comen los piojos».
Pronto largó la segunda preguntonta: ¿ Usted está casada o separada?
– Casada, respondí tajante aunque en mi vida cotidiana reservo esta elección lexical para los formularios, pensé que quizás esta respuesta lo haría desistir de su continuar exponiendo sus puntos de vista.
No le importó en absoluto ya que contaba con la certeza de disponer por unas cuantas cuadras más de mi escucha . Así fue que tuve que enterarme que el pobre se había separado de su primera mujer y que actualmente había podido rehacer su vida con otra señora, con la que tenía los mismos problemas que con la primera (sic) pero que esta vez había aprendido a tolerarlos con resignada paciencia.
«Cuando no va no va», suspiró en un momento de su discurso para luego seguir «con mi primera mujer no se podía más, era un carnaval, dos días bien y el resto un infierno».
Afortunadamente, llegaba a destino así que solamente atiné a decirle «¿me da el ticket, por favor?» y me bajé deseándole que tenga un buen día.
Debo confesar que, de aquel monólogo, lo que más me irritó fue la inapropiada utilizacción del la palabra carnaval comparando la fiesta del Dios Momo con un mal matrimonio.
Para mí el carnaval es otra cosa y a la hora de compararlo con el amor celebro la coincidencia.
Lejos de sumergirnos en el aletargado desgaste (nunca más lejos), el carnaval despierta los sentidos, despabila los sueños, nos con-mueve y nos en-canta.
La alegría nos colma el espíritu y se suda por la piel, nos permitimos mostrar nuestro costado más oscuro, o jugar tras la máscara que des-cubre lo que ocultamos para sobrevivir en el mundo de la rutina y de las obligaciones.
El carnaval es fiiesta, y es convite. Al más tonto lo hace rey…y si dura cuatro días , lo soñamos los restantes trescientos sesenta y uno.
YO SI QUIERO UN AMOR ASÍ…y si dura solamente cuatro días POR FAVOR, QUE SEA CARNAVAL!!!
Silvia
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CONTENER, RETENER, DETENER.¿QUÉ HACEMOS CON LOS PIBES?
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Voy caminando por mi barrio, que es también el de mi escuela, el de mis alumnos.
Sobre la calle Derqui leo escrito con pintura LEO, JONI, JESI,
DAI, llego a Donado y sigo leyendo: MATU TE QUIERO FLACA. Ahí están todos, contra la pared o sobre la calle, contra el piso. La lista se repite en cualquier esquina: JOA, NIKI, TOTI , PITU, LEI, MAXI, RO. Ninguno aparece con su nombre completo, con el que le dieron sus padres o con el que los nombramos en la escuela. Solo un pedazo, el que les sirve para nombrarse cuando están entre ell@s, tan ambiguo que a veces no sabemos si es varón o mujer porque el género lo da el pedazo que omiten.
Voy pensando en la nueva ley de educación, me rebotan en la cabeza dos palabras: obligatoriedad e igualdad, recuerdo lo que vi en el noticiero, la madre que denunció a su propio hijo, me acuerdo del Sr. Bloomberg, ahora pienso en la palabra justicia. Ahí te encuentro:
-Hola profe..
-Estás grande che, ya no me decís seño (yo nunca fui su profe, fui la seño, la seño de lengua)
Te sonreís y me preguntás:
– Seguís en la murga prof…seño?
Me río , te cuento algo sobre mí y te pregunto:
-¿y vos en qué año estás?
-No yo dejé vio//viste (dudás de nuevo cómo decirme)… Toy laburando…con mi viejo…además …
Tu pausa me indica que me vas a contar algo fuerte y me temo que no me va a sorprender. Seguís
– Mi novia quedó embarazada (te reís nervioso) voy a ser papá… ahhh re! (esa expresión que indica que ni vos te lo podes creer)
Seguís contándome y me acuerdo lo callado, hermético, que eras en el aula.
– Me rescaté seño
Te veo tragar, es trago amargo y salado, tus ojos se humedecieron, me hablás de la junta de la mala junta que ya no tenés. Necesitás hablar de la droga, a la que ya no le decís ni porro ni faso porque ya estás afuera , me contás que no salís, que no vas a la esquina, que tus viejos te acompañan a todos lados y tragás, tragás varias veces más ese trago de sal y amargura.
Yo pienso en aquello de que “los hombres no lloran” y me doy cuenta que tenés dieciséis pero tenés que ser hombre, ya no te queda ni un poquito de infancia, solamente esas lágrimas rebeldes que no querés dejar salir.
Pienso en la remanida frase ”los jóvenes son el futuro”. Reniego de ella ¿Y el presente?¿Qué hacemos con este presente que los arrincona en la esquina, que los estampa contra la pared y que no tiene nada que ver con el utópico futuro?.
De golpe respirás hondo, me das un beso y me decís:
– Bueh, me via seguir laburando
La chata de tu viejo está ahí parada, él no se baja ni me saluda, la pone en marcha, vos subís y me saludás mientras arrancan:
-Eh profe!!! Sea buenita eh!! No mande muchos pibes a rendir!!!
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Silvia M. Moya
