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Saludos de ALE…

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Tal vez el problema sea la verdad,
su precisión,
sus contornos,
su apego.
La descripción exacta de lo que no se sabe si ha ocurrido o está con nosotros sólo para poder seguir contándonos.
Tal vez el desconcierto lo traiga ella misma y sus pretensiones, sus cierres, sus evocaciones universales, sus propias mentiras, su deseo de no morir.
Tal vez tendríamos que abandonarla.
Decirle que se tome unas buenas vacaciones y se vaya por donde vino: tierras celestes, donde no hay hambre, ni frío, ni destierro.
O que parta a dar una vuelta por esa otra tierra: la nunca prometida, lastimada y seca, inundada de barros y temores.
Y que después vuelva.
Y elija.
A ver si se anima. 
A alivir dolores,
limpiar los excrementos de tanto cuerpo malherido,
secar lágrimas,
besarnos en la boca,
desacongojarnos y dejarnos vivir nuestra propia e íntima navidad.
La que sea. La que cada uno pueda.
Pero con algo de paz.


Abrazo grande.
Y buena Navidad!