.
YO, EL PAYASO
Me estudio. Me libreexamino: escribo. Una palabra lleva a la otra, tanto como una corrección (tachadura) lleva a la otra. Para que hable la voz que pudiera ser mi propia voz. Tal vez. Y no del demonio que me posee… ¿Desde cuándo?
En tanto, mi pasión por Gitona es la reverencia que un demente o un borracho le hace a la vida en el momento de abandonar la escena. Telón. Río por detrás: cornetín en el que el Supremo Riente, sopla. Soy el payaso que condenado eternamente a la procaz carcajada no puede sonreír con la mínima elegancia: un falso acorde en la divina Sinfonía, una humillación paralizante en medio del Concierto. ¿Estoy loco? ¿Entonces por que no hallo reposo? ¡Y simulo, simulo, simulo!, vergüenza de vergüenza, esto es, actor.
¿Pero acaso no es todo teatro en esta vida? ¡Soy un obispo teatral! Actúo, me interpreto a mí mismo sin saber absolutamente nada de mí mismo. ¿Y hay algo más cómico que esto? Pero la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, es que necesito amor, mucho amor: heme aquí mis máscaras.
LEÓNIDAS LAMBORGHINI
“Trento” AH Editora