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No nos vimos nunca pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.
No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.
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Celebrar la memoria de mi viejo es también una celebración de la vida. En estos días, esperando la llegada de Rafael, la memoria se torna un ejercicio de futuro. La historia de mi padre es parte de la mía, mi identidad y este presente de nacimiento, búsqueda y posibilidad. Como dije en otra oportunidad, son días de paradoja, donde los extremos de la vida se cruzan, se miran, se esperan. Hasta dialogan. Por eso elegí esta poesía de Julio Cortázar, dedicada originalmente al Che. Para mi viejo, para Leopoldo, para Rafael. Para los tres hombres de mi vida, despiertos mientras duermo. No se vieron nunca, pero no importaba. Los imagino conversando, para elegir qué estrella mostrarme detrás de la noche.
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No se vieron nunca, pero no importaba.
Sofía
