Mataron a Jrra. Nunca supe cómo se llamaba, se había ganado el apodo saludando a la gente con rugidos. Un bahiano grandote, chupado, con rastas cortitas. La primera vez que lo vi estábamos con Germán, el tipo venía, te hablaba un rato, te rugía un poco y te convencía de que le compres una cachaça. Hasta que no le decías que sí no aflojaba. Me acuerdo que me agarró y me abrazó fuerte casi me encaja un beso, mientras decía un montón de cosas que yo todavía no entendía. En el mercadito discutimos con Germán si comprarle la cachaça o no, Germán ya le había comprado un par de veces. Y lo empecé a ver, siempre sentado en la parte alta de la mangaba, con la gente del puesto de crack, el corazón de la zombie zone. Los consumidores de paco caminan por la isla arrastrando los pies con la mirada perdida y cuando el efecto pasa te venden su cuerpo por la próxima piedrita o te roban el bolso mientras mirás las playas del paraíso.
Una vez trabajábamos en la pasarela con Johny, apareció Jrra que estaba medio borracho y se pusieron a hablar entre los dos. Mi portugués iba mejorando asi que me sumé a la conversación, Jonhy le dijo que yo era “gente boa” y de ahí empezamos a saludarnos. Después Johny me contó que el tipo había matado a otro a cuchillazos. Según Jacy fue porque lo encontró arriba de su mujer haciendo chucu-chucu. Al parecer no fue a la cárcel porque tenía sida. En Brasil, con cárceles superpobladas, no permiten que hayan personas con hiv como reclusos.
Lo ví un par de veces asustando señoritas, pero empezó a caerme simpático. Estoy convencido de que al vector más crudo de America Latina hay que presentarle diálogo. Cada vez que pasaba por la parte alta de la mangaba el tipo tiraba alguna. Se reía cuando me corté el pelo, qué te hiciste en la cabeza, gritaba desde la canchita. Intentó un par de veces que le compre cachaça pero nunca lo logró. Una vez me invitó a fumar un vaciado y no me animé. Estaba con la flaca que es la madre del pibito de la cresta naranja y con un par de zombies que no terminaban de levantarse del suelo. La próxima, le dije y me fui para casa. Cuando llegó Flor se la presenté, le dije que era mi namorada y que la cuidara cuando la vea sola, ella se reía cuando pasábamos y se escuchaba: o home do buda! era Jrra que saludaba.
Fue el primo. Se sentó a afilar el cuchillo un buen rato y cuando terminó se le fue al humo. Unos cuantos puntasos en las piernas cortaron una artería, murió desangrado. El primo telefoneó a la policía, dijo: Jrra está muerto y se sentó a esperarlos con las manos ensangrentadas. Podría ser literatura pero no lo es. Los últimos días estaba cambiado, habíamos hablado de eso con Flor, se había cortado el pelo y me lo encontré un par de veces cargando bolsas de cemento.
Abrazo Jrra, donde quiera que estés, nos debemos un vaciado.
(martín kaissa)
