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MANIFIESTO
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Besar
la estrella,
la torre de Babel
de tus labios.
Besar el principio
para olvidar
quemando
de una sola vez
todo lo que fuimos,
ofreciéndolo
al olvido
a la casa
al cuerpo
al eco perdido
que esconden los ojos
que juzgan
sin mirar
transfigurados
de odio,
en los minutos
pesados
que se arrastran
de a uno entre los dos.
Guerras íntimas,
estrategias domésticas
que nos delimitan
y aprisionan,
¿qué haremos
cuando quedemos
indefensos
frente a lo que odiamos
de nosotros mismos?
El amor
ya no es más
la respuesta a todo,
aunque el arte
venga en su auxilio,
tampoco sirve de nada.
Si las preguntas
nos chupan la sangre,
las respuestas
nos atan los tobillos,
nos amordazan,
nos engrillan
y nos escupen
en la cara
nuestro nombre.
¿Qué fuerza física irreversible,
qué rol de hombre irremediable
nos lleva a imaginar
opciones descomunales
que llenen el espacio
de decepciones coloridas
que tiñan el cielo de sangre?
Abrir al sol las heridas,
que todos las conozcan,
ofrecerlas como muestra,
no de humanidad,
sino como ofrendas,
que ellas sean nuestra verdad,
que ellas canten nuestro nombre
y nos mantengan
siempre
al costado,
en la periferia,
en el limbo de los escritores,
siendo de todos
para que sean nuestras.
Golpear con fuerza
lo amado
hasta que nos duela
y el golpe nos vuelva
inseparables.
.
–
Escribo
en tu cuello
de cisne destrozado,
algo
en griego antiguo
para que no se entienda.
Y entre los dos
le damos
un significado
secreto,
que repetimos
hasta cansarnos
y aunque nos duela:
¡no es melancolía, es tristeza!,
es como el fuego en el lago
que adivina el I-Ching,
o la montaña de humo blanco
que se cuela en mis ojos.
Matías S.
–
son los dos poemas que leyó el viernes en la fiesta.