Fiebre
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A menudo,
la fiebre también abre un espacio literario,
como el sueño o el ajenjo,
permite alcanzar el borde,
asirse en un módico delirio,
dormir la noche a las cinco de la tarde
y bajo las sábanas,
musitando el nombre de la Virgen,
hacer trampas,
y agregar otro.
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