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El primer jazmín. La primera mirada (la madre), y todas las demás, dulces, resistentes, profundas, felices; Narciso también podría haberse ahogado mirando su reflejo en un jazmín. Los mejores jazmines son los que vienen de lejos, de algún norte parecido al primer beso de la adolescencia (ayer, vi dos parejitas matándose en dos esquinas –Gaboto y Oroño y Buenos Aires y 9 de Julio- a besos «chicleglobo»…). Acabo de comprar mi primer jazmín de la primavera. El jazmín tiene la rara propiedad de volver, de olvidarse –perdonar- del verano, el otoño y el invierno. Yo sé que teniendo un jazmín tengo todo.
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