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Amiga

amiga

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AMIGA

———————————————–«Confusa la historia, clara la pena». Antonio Machado

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Ella me dice «muchacho», yo le digo «amiga». Le doy dos pesos y siempre me dice «uhhh… qué moneda grande». Y si el semáforo es más largo, me empieza a contar sus achaques físicos. Tiene un vademecum de dolores como el caballo de Felisberto Hernández. Todos reales, seguro, con vivir en la calle basta para arruinarse. Tiene cuadernos con recortes, escritos y fuma cigarrillos con unas caladas de portuario. La relación se nos va haciendo de quedar yo detenido con el auto en el semáfoto de Laprida y Santa Fe, varias veces al día. Ella pasa muchas horas allí, mañana, tarde, doble turno de pedir. Pero no ruega, ojo. Eso me recuerda el tono grave, duro, el carácter, los principios de CACHILO : parece exigir o más bien, pedir con derecho. Al punto que muchas veces me ve y hablamos nomás, no siempre le interesa buscar el billete. Creo que ya me tiene como «cliente de la casa». Debe haber una cuota difusa de hablar, pedir, escuchar. ¿Qué vida esconde esa apariencia…? ¿Qué catástrofe, qué desastre…? ¿Qué habrá en esos recortes, qué memoria, que afecto, qué perdida ? ¿A cuánto estamos todos de la escritura del desastre? A nada… el horror siempre acecha la maravilla. Recuerda los personajes de Caldwell, de Rodoreda, de Yates, de Carver, y toda esa gente que hoy, CyberMonday quiere ver la vida color de rosa. Para ver la vida color de rosa, en Laprida y Santa Fe, echá 20 centavos en la ranura (Tuñón) y acordate lo que nos enseñaba siempre Fabricio Simeoni «nos quedan tres meses de vida».