© 2015 admin. All rights reserved.

Escribir

Marce bebé sepia

.

ESCRIBIR

.
.
No era en mi casa. Era en toda la cuadra.
Era en todo el barrio. Llegaba hasta la avenida.
Era en todo el pueblo. Quizá todo el mundo.
Después lo supe, una epidemia.
Un sábado aprendí que era en todo el orbe.
Yo tenía cinco años, un sábado a la mañana,
con Carlitos Jurado fuimos a ver:
nos escapamos en la bici
y llegamos hasta la Plaza Sarmiento.
El confín del mundo era la pena:
lo revelado era la tristeza, un mendigo,
un enfermo, un loco, una vieja.
Tan lejos se puso a llover, el regreso
de la vuelta sin nada. El cielo
como un aire de grisura y ver a los viejos del asilo
chorreados de agua y meo en los bancos de cemento
en la vereda de la iglesia
y los ranchos de Villa Manuelita
chorreados de la plusvalía
del llanto de la excavadora.
.
Desde aquel día siempre viajo.
Mis libros tienen nombres de caminos
mapas, alrededores, muñecas.
Conocí países, mares, gentes.
Imaginé lo demás,
pero me bastó una fuga al centro, de niño,
para saber que había una pena en el mundo
y que cuando yo preguntara
me llamarían a silencio:
iba a tener que escribirlo, jugar solo
y no podría correr por las piezas
ni revolver la casa
ni gritar a la escondida
porque siempre habría alguien triste
y yo debía recordarlo.
Era eso, mi destino
un sábado a la mañana
a los cinco años, en la bici
alrededor de la Plaza Sarmiento.
.
.
—–Marce
.
12-04-15