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ODA.- Fabián Casas .-

      .                   Oda

 

 

¿Quién consigue expresar sus emociones

en una simple conversación?

¿Qué preguntas hacemos

para que nadie nos responda?

Lo cierto es que el taxista

equivocó el camino. Y es tarde.

Por eso pienso en el mirador,

el banco apoyado contra las rejas

desde donde vi pasar,

infinidad de veces,

al tren del Oeste.

De noche, la luna se refleja

en las vías y las luces de señalización

parecen brasas de cigarrillo.

No viene el tren del Oeste.

No vibran las paredes de la casa

donde vivimos el eterno retorno

de los ciclos del amor.

(Qué estarás haciendo a esta hora,

andina y dulce Rita

de junco y capulí.

Mientras me asfixia el cansancio

y los tranquilizantes flotan

como flojo cognac

dentro de mí).

El hombre de campo mira pasar el río.

El hombre de ciudad mira pasar el tren.

Ambos reflexionan sobre el pequeño mecanismo

de los acontecimientos.

Pero yo no…

Yo estoy cansado de este mundo nuevo.

A veces, en la noche,

el ruido metalúrgico

de los talleres literarios

no me deja dormir.

Para tranquilizarme, me digo:

“Soy mi padre y mi hermano,

nací de pie, al final de la última era nupcial;

contemporáneo del Gran Jugador”.

Pero tus preguntas vuelven

una y otra vez:

¿Nuestro amor llegó a ser tan necesario

como el agujero de una olla?

¿No debimos aislarlo de la paideia berreta

que crece en los gimnasios?

Fue como salir de la pieza apagando la luz.

Mientras en un rincón se acumulaban

los programas y los tickets

de todos los lugares donde fuimos.

Vibra la tierra. Pasa el tren del Oeste.

Y lo que vemos brillar a lo lejos

es la bisagra de acero

que nos separa de los jóvenes

para siempre.

                                                FABIÁN  CASAS

nació en Bs. As. en 1965

Del libro homónimo, Ed. Mansalva