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Puede acostumbrarse

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Puede acostumbrarse
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A sus pasos que siempre 
la traen desde el río.
A su antorcha en la cabeza
y el sello pudoroso de labios
del primer saludo.
A su piel blanquísima
donde las pecas resplandecen
la mirada profunda
y la sonrisa de rabillo.
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A su hablar exacto, firme
sus pausas,
la convicción de búsqueda
sin el aire suficiente.
Y él que debe alzarse
para el beso, más o menos
según el calzado que ella
se haya puesto ese día.
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A todo lo que ya saben
y aún no ha sido dicho.
A que siempre llegue por detrás
desde el río
y lo abrace mientras lee
presintiendo en el vigor del jabón
la hora de su baño
y la espuma.
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Uno se acostumbra a ser feliz.
Es algo simple, una rutina
esa caminata, por ejemplo
punta a punta del Parque España
son dieciséis minutos
y él podría ponerla en la alarma del celular
todos los días
aún de frío y lluvia
como ese sábado
a las tres de la tarde.
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…………..Marce