Gustave Flaubert, y su exigencia de la escritura hasta convertirla en un suplicio, ha quedado reflejada en sus cartas a Louise Colet, resignada amante, poetisa respetable y paciente corresponsal, a la que con fecha 16 de enero de 1852 el novelista le confiesa:
“Lo que me parece hermoso; lo que querría escribir, es un libro sobre nada; un libro sin ligadura exterior, que se mantuviera solo por la fuerza interna del estilo, como se mantiene en el aire la Tierra sin estar sostenida; un libro casi sin tema o en el cual el tema fuera poco menos que invisible, si esto puede ser. Las obras más hermosas son las que tienen menos materia…”.
Y el sábado 3 de abril del mismo año: “¿Sabes cuántas páginas habré escrito dentro de ocho días, desde que estoy aquí? Veinte. ¡Veinte páginas en un mes y trabajando por lo menos siete horas diarias! ¿Y el final de todo esto, el resultado? Amarguras, humillaciones interiores, y para sostenerse nada más que la ferocidad de una indomable fantasía. Pero envejezco y la vida es corta”.
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Veo con claridad al autor en su obra poética.
(un mail de GERARDO #ORTEGA
-lector incansable y selectivo-, que no usa redes sociales)
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Ayer justamente conversaba con
Juan Francisco …