«Papá, estoy muerto, estoy ardiendo papá, no te duermas en mi funeral. ¿Presagio, profecía, sueño? Quizá no te guste como escribo, pero hay unos climas en el texto que son tuyos, nuestros… la grasa en las manos, la tinta, el arroz con manteca de mamá, los apremios, lo que nunca alcanzaba: no quiero que entiendas, papá, sino que te sientas afectado y pensando en mí, viéndome muerto, me hagas pasar de la servidumbre a la libertad por el sacrificio.
Ya sé que te levantaste a las cinco y volvés a la una, y apenas comés el bocado de arroz, das una cabezada en el sillón y otra vez a la grasa en las manos hasta que la soldadora de manubrios sea la última luz de la tarde. Ya lo sé. Pero el deseo de volver a vernos es una esencia nuestra y también del mundo, de los otros, de la realidad. De todos los que están dormidos en mi funeral mientras yo estoy ardiendo, pero vos no te duermas. Papá, véme aquí descansando, ahora yo daré también mi cabezada de cinco minutos después del otro trabajo y el almuerzo frugal y escribiré hasta que la lámpara sea la última luz de la tarde.
Yo no estaré muerto papá, estaré ardiendo, pero vos, no te duermas.»
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NIEVE
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No es la nieve
pero se parece.
Todo es simulacro
incluso esta foto,
salvo la infancia
un día de julio de 1973
que nevó en Rosario
y fuimos los pibes
hasta la plaza …