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Una mujer sin sustantivos.

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UNA MUJER SIN SUSTANTIVOS. (Marcelo Enrique Scalona)
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Yo sabía que no vendría. Yo sabía, pero fui hecho para no dejar nunca de acudir donde me llamaran, y ella siempre decía que sí, que esa vez iba a venir, pero luego decía que no… que sí, y que no, que sí, que no… y si vos lo repetís muchas veces, te queda decir algo indecible, lo que no puedo nombrar, lo que está prohibido escribir hoy, acá, ahora: quesíquenó… lo inefable, imposible. Se puede adjetivar pero no sustanciar, como jugar a que se puede, pero no se puede.
Hasta los rojos se venían grises, y los verdes, amarillos, aunque eso es más común, porque deviene normal lo sucesivo, pero a veces es instantáneo, de repente se va de rojo a gris, y de gris fundido a negro. Y llueve. Como hoy. Lo pasado. Lo que se va pasando y ya se hizo pasado. Muerto. Y sin embargo, de cualquier manera, ella no venía. Pero yo la esperaba. Porque yo fui hecho así, para no dejar nunca de esperar donde me prometieran. A veces dudaba cuando amanecía, y lo blanco me traicionaba, y ella era tan blanca… era lo único. Ella era un color traslúcido. Puro. ¿Había entonces algo puro? Eso es lo que me traicionaba a mí mismo, que me dijera que esa vez sí iba a venir, y que todo sería blanco, brillante, decía. Prístino, dijo, pero yo no sabía el significado y le pregunté a uno que sabía y me dijo. Entonces yo le volvía a creer, porque fui hecho para nunca dejar de acudir o nunca dejar de esperar, que parecen lo mismo, pero no son iguales, porque el acudir se mueve, pasea, el que espera agoniza, como el gris claro y el blanco sucio, sutiles formas de decir que no. El gris esperando se hace un blanco sucio. Entonces lo sabía, tampoco vendría, porque lo blanco desaparece, se confunde con el original y ella era tan blanca… transparente. He llegado a creer que no existe, o no existía, o existió y dejó de existir. O sea, existía porque yo la esperaba y entonces ella era yo. Ella era yo adentro mío. O yo adentro de ella. Acudir y esperar era yo, porque a fin de cuentas, ella nunca vino.
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