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ANTES.
Todo comienza antes. Antes de las palabras, Antes de la lluvia.
Antes llegó la lluvia y antes de la lluvia había que cruzar la ciudad.
Y no vale decir que son solo 70 cuadras. No. Cuando la poesía era una práctica responsable había que decir que Ayolas, la calle del comienzo del viaje, homenajeaba a España, y Guemes, la del destino, homenajeaba a la patria, a nosotros, sin culpa, más bien felices y delirados como yo cuando voy en moto y empiezo a escribir antes de escribir.
Y cuando viene un recuerdo, antes, ya lo va trabajando el olvido a través del lenguaje. El olor de la lluvia era el mismo que una tarde de primavera de 1978 en la plaza Bélgica. Sinestesia. De Tablada a Pichincha son 7 mares. La hipérbole. Yo te extrañaba y aún no te había conocido. Metáfora. El último taller fue antes, el primero. Después de antes sólo hay repeticiones, la aporía.
En el cuento, lo vivido será la materia del relato, el viaje. Pero cuando viajo en poemas, como ayer, es la conciencia la que se expande y pareciera que mientras canto, olvido lo que quería recordar. Pero lo olvido mientras lo escribo para recordarlo: como si ella estuviera tan cerca de mí, que cualquier deja vú, incluso forzado o por asalto (es una ciudad grande y ya hace 60 años que la recorro), no pudiera darme ni siquiera su imagen.