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EL PAÍS DE LAS LLUVIAS
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Macondo se empeña en inundarse,
anteanoche, el miércoles
vi pasar un tanque Sherman por calle Ayolas.
Un tanque de guerra solo a la madrugada
rumbo al río.
Encarnizado territorio para el agua
como una vocación, un destino.
Precipitación es
de la familia precipicio.
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Siempre el desborde.
Humedales quemados
canal clandestino de soja
desmonte
tierra extenuada que no drena
una fe por la desgracia.
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Políticos de frazadas, leches, colchones
y votantes agradecidos que llegan en canoas
por un ticket celeste,
como el manto
de la Virgen de Luján.
Luján también inundada.
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Más tarde vendrá Godot,
que nos inunda
para socorrernos.
Yo lo espero subido
a los techos
con mi escopetita del 12
para desalentar a los saqueadores del pueblo.
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Y en eso
justo veo pasar una vaca Hereford
encima de un camalote. Por jugar
le tiro con el aire comprimido.
Le grito pullas y ella responde Mú.
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Un Mú largo y agudo como la chimenea
de un transatlántico de Gombrowicz.
¿Dónde vas? –le digo.
Al Comité de Crisis, dice.
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¿Vas a dar leche?
No, voy a votar…
¿Qué cosa vas a votar? Queremos mejores condiciones de vida
en el camión jaula
rumbo al matadero.
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¿Y qué puede hacer una vaca?
Tenemos un comando de acción táctica, dice:
un rebaño,
nos comemos las canchas de golf.
¡Qué risa! ¿Y qué más…?
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Un terraplén sin olvido
Reuteman 2002.
14 metros bajo el nivel del mar.
¿Te acordás?
Sí, dice la vaca:
yo y dos chanchos
nos subimos a los techos
en el barrio Santa Rosa.
Pasó el Lole
en un gomón saludando
repartiendo latas y bidones.
Nosotros pensamos que algún vecino le tiraría.
Pero no, todos lo saludaron contentos
y anegados por el río de las congojas de Demitropulos.
Es así
dijo uno de los chanchos:
lloverá siempre sobre nosotros.
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