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Venus de Milo

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MILO

La más bella, como la Venus de Milo, no podía abrazar. Solo podía admirarse, incluso podía tocarse, pero ella jamás lo retribuiría. Y no es que le faltara un brazo, le faltaba corazón, apego, no podía ir al encuentro, unirse, tocarse, necesitaba la distancia de la contemplación. Ver verse y ver a los otros verla, como a Narciso, como a Icaro, su única pulsión era egoísta y pensando en la metáfora de David Leavitt en el niño grúa, si la ventana es un espejo, el de Venus sólo la reflejaba a ella, y si bien el amor tiene una fantasía con uno mismo y se busca el yo en otro, solo sucede cuando irrumpe lo real de otro cuerpo, de otra mirada: en algún momento, como dice Bataille en Aprendiz de Brujo, toda esa fantasía debe realizarse en una cama. Pero Venus de Milo no puede, es la más bella, pero no puede dar el abrazo. No conoce el ágape, solo la admiración.

                                       Marce