TOKIO . En una lectura superficial podría creerse que vacilo cuando en realidad estoy vibrando. Se trata de movimientos imaginarios del tipo Mallarmé, el ser crece y disminuye, se abre y se cierra, baja y sube tratando de acompañar una experiencia profunda, sin estar allí, pero contigo. ¿Y no es eso el amor acaso…? ¿Acompañarse sin estar juntos del todo sino apenas cerca, al lado, alrededor de la ausencia? ¿Diez cuadras, cinco minutos, siete mares, un día, dos años, tres continentes? . El ritmo es extraño, porque no sueño dormido, yo sueño despierto, Tokio son doce horas más adelante: cuando vos dormís yo me levanto y viceversa. De algún modo este deja vu Tokio Rosario se parece a «La aventura de un matrimonio», de Calvino. Arturo y Elide trabajan en turnos opuestos de doce horas. Sólo están juntos en la soledad, en la cama caliente o el sueño que uno le deja al otro. Pero además, yo me empecino con la idea de que los sueños quieren que uno vuelva a soñarlos. ¿Y cómo hago ese movimiento imaginario ? Leo, escribo, miro Perfect Days y Lost in translation, escucho «Hola Bollinas», el vivo 1973 Bill Evans en Tokio. Todo el tiempo veo desde mi Vespa la torre Skytree exenta por Tablada o Saladillo. Cargué mi petaca de alpaca con el whisky Suntory, voy con mi cámara del Sansung como Hirayama fotografiando mis propios containers naranjas de la basura, ayudo a limpiar los baños de la biblio, riego las plantas de Igna, llevo a volley a Martina, alimento a mis gatos Pedro y Nicki, leo en simultáneo Fosse, Bachelard, Zenobi, y por fin descubro lo que Bob susurra al oído a Charlotte al final del film. Es lo mismo que yo te digo cada noche, incluso, estando a veinte mil kilómetros: «lo sé, tengo que irme, pero voy a extrañarte». . . Marcelo S. *
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CUMBIAa Matías Luis.Es tu cumple.Bueno, papi:pescábamos toda la nochefrente al Monumentose perdió Malvinme perdí yo¿dónde quedó el bosque de Miramar?Tus esculturas eran nuestro volumen.Empecemos hoy …