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Eduardo Porretti en CIUDAD Y ORILLA

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Nuevo libro en la colección CIUDAD Y ORILLA de HomoSapiens Ediciones. Una nouvelle llena de poesía, de conciencia y de fábula. Gran trabajo de Eduardo Porretti, que se presenta en Rosario el próximo viernes 6 de septiembre 18 hs en el SUM Gorodischer de Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez, y luego en Buenos Aires y en Caracas.

Así escribe Eduardo Porretti:

«El azul del cielo estalla ante sus ojos torpes. El Cónsul busca consuelo en el agua del Caribe, pero allí lo espera un azul todavía más fantasmagórico. Hay un demiurgo, piensa Pellegrini, que exagera con el color y la belleza.

El libro –como un conjuro- sigue en su mano izquierda. Definitivamente es Lem, que lo salva de lo inesperado. Pellegrini lleva en su mochila azul otro libro, uno sobre Perón. La tapa es en blanco y negro, Perón sonríe en una foto, inmortal, haciendo de Perón. En la mochila está, también, su celular, un aerosol con repelente para mosquitos, un frasco con protector solar, lentes para su presbicia, un sándwich maltratado por el viaje, agua con gas y una billetera vieja en la que esconde dibujos de sus hijas y unos pocos billetes.

El paseo es inestable. Las olas mecen la embarcación con un oleaje siempre inesperado. Una vez en la orilla, el Cónsul puede bajar dignamente de la lancha, esquiva una vieja que lleva en brazos una gallina que no para de cacarear, unos sorteados niños delgados y serios, y allí se escurre de las jovencitas que no se han desprendido ni de su celular, ni de las comparaciones y alcanza, con un hábil movimiento, dos billetes de diez dólares con la imagen de un atildado Hamilton.

El puerto de Chuao hierve de colores y mala música. Pellegrini se pregunta, otra vez, por qué las personas que escuchan música mala siempre lo hacen con un volumen alto. Pellegrini considera que si uno tiene un defecto (y enumera los suyos, incluyendo su tendencia a la melancolía) lo más razonable es no hacer nada por hacerlos evidentes. También piensa en por qué las personas que escuchan buena música (hace una lista mental breve: Mahler, Monkus, Spinetta), no ponen el volumen más fuerteEso haría que más personas de mal gusto musical supieran de otras melodías, y con ello notaran y corrigieran su error, mejorando el mundo. El Cónsul sabe que el mundo no funciona así.

Pellegrini está enfrascado en sus pensamientos cuando cae en cuenta de que se ha olvidado la mochila. La lancha ya surca el mar y se aleja del puerto. Está desolado. Otra vez su mente lo ha alejado de la realidad y se siente desvalido por ser tan estúpido. Trata de imaginar una solución, pero nada viene a su cabeza. El sol implacable golpea su rostro enrojecido

Mareado de furia, se sienta en el muro del puerto. Se toma el rostro entre las manos y aprieta fuerte contra las órbitas de sus ojos. Entonces, le parece que una sombra interrumpe la luz sobre su cara. Ahora está convencido, algo se ha interpuesto entre el sol y su mala suerte. Sentado, allí, entre tanto color y tanta mala música; aparta las manos de su cara sólo para ver dos niños que han viajado con él en la lancha.

Dorados por el sol, delgados como una palmera y serios como parientes en un velorio de pueblo; llevan dos roídos pantalones, herencia, quizás, de algún hermano mayor. Pellegrini – ahogado ahora en la indiferencia de su ruina- los mira y los ve lejanos, difusos. Aturdido por la rabia, no logra entender qué es lo que dice el de cabello lacio. El niño tiene en su mano derecha su mochila negra, intacta. El otro, el de rulos, dibuja una sonrisa iluminada que no parece propia, inmensa. Se levanta de un salto.

No puede creerlo. Abraza a los niños hasta que logran zafarse, y busca rápidamente su billetera para darles una propina. Los niños se niegan con una seriedad propia de los habitantes de provincia. Cuando les toma las manos, repitiendo un insuficiente agradecimiento; un grito impetuoso desde adentro de un almacén hace que los niños salgan corriendo a encontrarse con un pariente.

Pellegrini está aliviado, pero se sigue insultando en secreto. Su mente no puede dejar de vagar por un segundo y se interpone con el mundo. Guarda el libro de Lem en la mochila y se acomoda las bridas en la espalda. Toma aire, un poco para alejarse del enojo y otro tanto para tomar envión a la subida. La calle de ascenso hacia el pueblo de Chuao está construida en un ángulo imposible, así que debe esforzarse»

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frag. p. 2 y 3 de La forma exacta de Caracas, HomoSapiens Ediciones, 06-sep-2024, Colección CIUDAD Y ORILLA. Editor Marcelo Enrique Scalona.

Puede ser una imagen de mapa, libro y texto

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