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BENGALAS
A veces no estoy seguro de qué es lo que me apena.
Una sensación de que ya estuve aquí o muy cerca,
de que he sufrido en este lugar hace tiempo
y de que ahora estoy otra vez en el sitio
aspirando el mismo aire de entonces.
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Días aciagos en que sólo puedo iluminarme
con bengalas.
Me tiro a mí mismo
unos cohetes pequeños entre las piernas,
unos fuegos artificiales para darme ánimo:
estrellita, buscapié, una candela voladora
y me paso el rato con ese pequeño milagro
de asombro y expectación.
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Sube a la noche oscura
el dibujo de una libélula.
Lí – bé – lú – lá… Liz – ve – luz – allá
decía mi abuelo Benito
que trajo la pirotecnia de Nápoles
y fue seis veces a la China.
Descalzos en la arena
llenábamos las olas y la espuma
de peces dibujados
con volutas ambarinas en el aire de la noche.
Al final, él miraba sin ver y repetía,
emocionado y feliz: ¡peces voladores,
peces voladores!
y antes que la llama se fundiera en la espuma
de su mano áspera y abierta
[donde faltaban algunas falanges],
yo aprendí a reconocer
el contorno irisado y fugaz
del milagro de vivir.
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Marcelo.
MAPA. Ed.Alción 2013

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