Creo que Borges se lo dice a Soler Serrano en el reportaje de TVE: el diccionario es el primer libro, debe leerse todos los días como si fuera una revista, como si fuera #Barullo, tenerlo a mano, en el escritorio, incluso en la pausa del baño.
Borges lo dice en un programa de la RAE, claro: el diccionario es la obra fantástica por excelencia de la Real Academia. Debe haber sido en el 76 o el 80. Son dos entrevistas y Borges tan feliz esos años con Kodama, el Premio Cervantes, los viajes en globo, la China, la India y nosotros en el fondo del pozo.
Lo del diccionario es de su epistemología, claro: el lenguaje para Borges es un conjunto de símbolos y están todos allí. Nosotros hoy somos más existencialistas y creemos que además de lo simbólico está lo real: yo, por ejemplo, creo que siempre hay que darse una vuelta por el diccionario, como si fuera una revista, pero también hay que llevar las palabras al aire, como si fuera el paseo de Baudelaire, ir viendo todo y anotarlo, y entonces en un dos por tres recordarás que Ascasubi fue el iniciador de la gauchesca; que la película de Leonardo Favio, Aniceto, se llama así por el poema de aquél: Aniceto el gallo; y que Echeverría es el comienzo de la literatura argentina pero también del Socialismo, y que Eurípides modernizó la tragedia, la hizo sublime hace tres mil años; y que añil es un tipo de azul oscuro que puede escribirse bien, no así el azulenco o azuloso, salvo que uno sea Daneri o esos locutores con pretensión de oráculos… ora el culo… eso… y que trinquete no es una silla ergonómica para tener sexo ni el ano es solo un anillo o un esfínter, ni el camafeo un mueble viejo, y que la melancolía (ojo) puede ser una enfermedad y sino, preguntale a Bartleby o a Pessoa o a Busqued.
Este diccionario –eso sí lo dijo Borges- dice torpemente que Melville apenas fue un cronista del mar y que Quevedo podría haber corregido el Quijote, pero no escribirlo, y que él (Borges dixit), hubiera querido ser amigo de Cervantes pero no de Quevedo. Y agrega: ¿quién querría ser amigo de Quevedo…?
Bueno, a mí me hubiera encantado ser amigo de Borges, y ser ese chico que lo ayudó a cruzar la Avenida 9 de julio o el mozo que le servía el té en el Hotel Dorá o el Negro Ielpi, que una noche le tuvo que poner el pijama en el Viejo Hotel Italia, porque Georgie esa vez había venido solo a Rosario. Igual me basta y sobra con haber sido amigo amigo del NEGRO IELPI, que a mi escala, es como Borges. Feliz Domingo y a Votar !
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