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El regreso de Sherezade (Ana)

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EL REGRESO DE SHEREZADE. (para Ana)

Dice Borges que todos tenemos derecho a agregar una noche más al Libro de las mil y una noches, o a Las Noches árabes o a las Nuevas mil y una noches. Desde el propio Alejandro Bicorne hasta Marco Polo y Galland (1704) todos los famosos “confabulatores nocturni” lo han ido haciendo (Lane, Burton, De Quincey, Stevenson, Chesterton, Cansinos Assens y el propio Borges, por supuesto), sin contar que Alicia de Lewis Carroll se parece mucho a Isfaján y el Ulises de Homero a Simbad. Y eso seguirá sucediendo, claro, porque es un libro infinito, tan vasto dice Borges, que no hace falta haberlo leído y que además, como es parte previa de toda nuestra memoria universal incluirá cualquiera otra del futuro.

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Eso sí, siempre deberá ser impar, pues solo así se augura el infinito (los pares son de mal agüero), es decir, que los nombres de los protagonistas tengan tres letras (Ana) o siete (Marcelo) y que hayan nacido el 19 y el 21 y al amor el 9 y el 23. Y además, si yo, por ejemplo, en este relato que agrego, intitulado “El regreso de Sherezade”, dijera, “te amaré siempre”, deberé agregar “… y un día más”. Siempre y un día más. La eternidad y un día. O sea, para que quepa en Las mil y una noches deberá decir “te amaré siempre y un día más”.

. Luego, si como a San Agustín, me preguntan qué es el tiempo, no lo sabré, pero si no me lo preguntan, sí lo sabré: el tiempo son los días que no estabas. Y ahora que volviste, el tiempo son los días que estás. En tu ausencia yo podía entretenerme con esas fábulas de la chica en moto de PedidosYa que iba a la Biblioteca Argentina y enamoraba a un bibliotecario, pero no es lo mismo el sueño que la vigilia, imaginar que te beso a besarte, recordar tu sonrisa a verte sonreír. La verdadera magia de Sherezade, como la tuya, es volver del Oriente, del oro, eso es lo que hace real un sueño, que por un momento el tiempo no sea sucesivo, que la duración sea inmóvil y que el existente sea concreto.

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Marcelo