.
JUEVES 13 DE NOVIEMBRE, 19 hs BAR NURIA de HOMO SAPIENS. Sarmiento 829, Rosario.
LAS MIL Y UNA NOCHES DE ANA.
Una primera lectura ingenua y simple podría decir que este libro trata de unos relatos de una madre (Elena), cuya hija muy joven (Clara, 19), se ha ido a vivir y a trabajar a Egipto como bailarina de danza árabe, labor profesional de la chica. Que luego, Clara, en su destino, se enamora de un jefe egipcio de su área de trabajo (Ibrahim), y piensa quedarse a vivir en Oriente, lo cual supone una situación de pérdida para Elena, pues se trata de una hija de apenas 19 años en un país con otra cultura, otra sociedad, otros valores y otro futuro. Ese es el conflicto más evidente y objetivo de este libro: la hija perdida. Eso funciona como el planteo del texto, que luego tiene su desarrollo hacia un final sorpresa, al que se llega por una historia ordenada de forma causal y cronológica: 15 cuentos.
Sin embargo, y más importante, luego están los conflictos subyacentes, más profundos, subjetivos, personales, ideológicos, culturales y sociales. Y si uno conoce los dos libros anteriores de la autora (Las Secuencias, CR Editora, y El invierno que tarda en llegar, Ed. Ciudad Gótica), sabe que Ana Dobson es una gran escritora de ficción y trabaja a partir de las lindes de lo real, y desde allí todo se expande al misterio, al suspenso, creando atmósferas fantásticas en lugares reales e irreales, con personajes verdaderos y falsos y con hechos verídicos aunque improbables pero verosímiles.
Dobson tiene una fantasía fértil y una imaginación poética desbordada, que son una marca de su estilo y una señal de placer para el lector, un capital simbólico que se funda en una biblioteca larga, siempre precedida de su adorado Rimbaud, y de una subjetividad profunda, laberíntica que recuerda a la de Lispector o la de Woolf, una verdadera maraña donde el yo comparte el mundo con cada persona que trata o la trata. Intratable también.
Sus lectores esperamos todos los años esta carga de historias que parecen sueños, esos ambientes y climas densos, mágicos, peligrosos, pero siempre dentro de una aventura humana e incierta. Así, admito, enamorado de ese tono, yo espero con ansiedad sus libros para tratar de reconocer en algún fragmento, un color de la tarde, una lectura, una charla, una parte de una noche, en que estén, de un modo velado, quizá sólo como una vislumbre, el naciente, la inspiración, el silencio compartido de su escritura.
.
Marcelo.
Fragmento del prólogo del libro.