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Una cosa maravillosa

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UNA COSA MARAVILLOSA

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Es poco, o es mucho. Dame tiempo. Esperá. Yo lo descubrí hace como 40 años, caminando una noche, volviendo, más bien, de la facu, una noche de primavera fragante. Había bajado del colectivo y tenía que caminar unas 5 o 6 cuadras hasta mi casa. No era tarde, tampoco temprano. Era de noche. Había poca gente en la calle, pero el despoblado no era ni por la malaria (como ahora), ni por la inseguridad. La gente estaba cenando (era una época en que se cenaba todavía), digo, las familias de un barrio de trabajadores podían comer y se reunían a comer como parte del lazo vital, íntimo, nutritivo. Yo iba solo como dice Poe que va un hombre solo en la multitud. Yo y las estrellas. Como dice Poe, pero yo, además, sentía la felicidad de las casas, de las familias reunidas, yo presentía una algarabía modesta pero sólida detrás de las cortinas, de los visillos, por los ventiluces de las cocinas, a través de esos reflejos ambarinos que salen de los hogares hacia la calle como si fueran el reflejo de un sagrario, de una fogata, de un caldero, de todas esos fuegos que cimentan nuestra afectividad, sentido y gozo, pero sin estridencias.

Pero lo que quiero contar es que en un momento, y justo esa noche, aspiré el perfume de los jacarandás, los paraísos, los pinos, claro, estaba cruzando la plaza, toda una arboladura, la plaza de mi barrio que había vuelto a llamarse Evita, en medio de la primavera alfonsinista, 1986, estoy seguro… si es que uno puede estar seguro de algo cuando recuerda. Y ahí pasó, fue un rayo, una módica revelación para aquel estudiante de derecho que cruzaba esa misma plaza todas las mañanas para tomar el 144 (el 6) e ir a trabajar a tribunales.

«Entre todas las cosas del día, he pensado en una maravillosa…». Eso, eso fue… la obligación de ser positivo, el trabajo de la esperanza: buscar todos los días un gesto, un recuerdo o un leve propósito de dicha en la «primavera sagrada de Rilke». Obligarte, sí, trabajar la esperanza, incluso la ilusión, aunque luego termine en una desilusión (Freud), pero a no entregarse nunca… no rendirse jamás, entre todas las cosas del día pensar en algo maravilloso. La lección de Rilke. Eso, que parece chiquito, y que sin embargo nos sostiene, nos cuida, y más o menos, en una dosis realista pero también mágica, es lo que nos hace felices.

Buena jornada, amigos… ENTRE TODAS LAS COSAS DEL DÍA, PENSAR EN UNA MARAVILLOSA.

Marce.