Las madrugadas frías como ésta siempre recuerdo a mi tío abuelo #LISSÁ, hermano de mi abuela María, que en estas noches blancas guardaba su yegua Talita en su rancho-pieza porque no tenía establo.
Era peón rural en la zona de Los Cardos (una planta llena de espinas), hablo de algo que pasó hace cien años pero es el primer recuerdo que todos los años me trae el.invierno. Lissá guardando el caballo en su pieza. El caballo como todo su capital profesional y humano. El caballo como su compañero, su otro ser humano. El caballo del día que Nietzsche lloró. El caballo de Tristeza, el cuento de Chéjov. Los caballos en el campo se metían en las piezas porque daban mucho calor también.
Lissá también metía la yegua en la pieza porque parece que el alazán del cura quería montarla. Como dice mi psicoanalista nunca hay una sola causa.
Lissá era apócope de Alessá derivado de Alessandro. Tantas letras para un pobre pareció contrariedad y la helada como metáfora del destino. El frío así tiene una cosa brutal de desamparo.
Lissá es nuestro pequeño Odiseo de nuestras tierras blancas de Manauta.
Lissá siempre ha sido un secreto estimulante en casi todos mis libros. Y es curioso, porque no llegué a conocerlo y lo sé de memoria.
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«Un político que estaba en plena campaña, organizando mateadas, llegó a un pueblo del interior, se paró arriba de un cajón y comenzó su discurso:
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