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MAY BARTA: Diario.-

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MIERCOLES 3 DE NOVIEMBRE Comienzo la tarea.

Pis y lavarme los dientes. Tomo el vaso de agua en ayunas, las pastillas y el desayuno expréss.  Saco la basura al palier. La portera contesta el saludo. Primer cruce de sonrisas. Comentarios del tiempo o de algún quilombo del consorcio. Hago el camino al trabajo. Huelo la mañana. Aspiro el aire y el ruido de la calle me ayuda a despabilarme. Lo escribo hoy para todos los demás días.

Trabajo. Lo hago con ganas como siempre. Empujando los problemas. Satisfecha de los logros. Hoy fue un día regularmente bueno. Tomé la lágrima de las 10. Comí el yogurt de las 13.

Salí a las 14.30 apurada porque cierraban los bancos y tenía que pagar impuestos.

Ufa, la multa de tránsito se me venció, no me la cobraron. Intenté en un par de lugares pero indefectiblemente tendré que ir a Tránsito.

Volviendo a casa me detuve en la cochera. La preocupación de Héctor porque no le quieren renovar el contrato también es mía. Espero que pueda arreglar con la inmobiliaria. Me trae incertidumbre saber, o mejor dicho no saber si la cochera va a seguir habilitada. Sino dónde carajo consigo otra cerca de casa y a qué precio?

Llegué al departamento cuando sonaba el teléfono. Me llamaban de la mueblería para combinar la entrega de los muebles que había comprado.

Hablé con Alicia que estaba en Mendoza. La noté contenta. Hablé con Mercedes que se recupera de una operación. Hablé con el administrador del edificio, que hay que estar empujándolo para que haga las cosas que tiene que hacer. ¡qué difícil que son algunas personas!.

………..

Acomodé la mesa y las sillas de hierro en la cocina. Quedaron hermosas. Proyecto concretado. Falta comprar los almohadones.

………..

El llamado que esperaba recibir no llegó.

………..

Hablé con los chicos. Todo en orden.

Fui al taller de Marce. Capítulo 10 de Bolivia. Alicia leyó. Cada vez me gusta mas la novela colectiva. Que cada semana sea otro el escritor. Que esa rara mezcla de autores busque cada vez la coherencia siguiendo consecutivamente el hilo del relato.

No tuve ganas de cocinar. Tomé un café con leche con tostadas. Miré tele.

Ahora rezo y me voy a dormir. 

JUEVES, 4 de noviembre

Repito la rutina de la mañana. El trabajo hoy fue agotador. Tuve audiencias toda la mañana. Me desgastan. Por suerte algunas surtieron algunos frutos no solo a nivel profesional sino también a nivel humano. Hoy me tocaron temas de salud. No pienso como dice el dicho “mal del pobre consuelo de tontos”, pero cuando me enfrento a determinadas realidades no hago mas que pensar: qué boluda y yo que me hago problema por….

Y si, estas cosas me ayudan a entender, a ser más paciente con las adversidades, a dar gracias por lo que tengo, por lo que supe conseguir o sobrevino. Las cosas que vi y escuché, me volaron la cabeza.

Cuando me quise dar cuenta ya estaba caminando. Quería conseguir el mueblecito para el balcón. Lo ví y lo compré. Ahora tengo que pintarlo y patinarlo.

Fuí a buscarlo a Emilio al Jardín. Decir dulzura es poco. Me llena de alegría compartir muchos momentos con él.

Volví empujando el cochecito. Chochera de abuela. Al rato el departamento parecía Camboya. Pero la sonrisa y felicidad de Emilio hizo que el día valiera la pena.

Banana pisada, siesta, abrazos, besos, llanto, pañales. Nada opaca su compañía.

Vicky llegó a las 8 de la noche, fuimos al super, cocinamos. Cenamos tarde porque Lucas vino de trabajar a las 11.

Fue mucho más difícil soportar el silencio después que se fueron.

Viernes 5 de noviembre.

Último día de la semana. Es como que me empuja a trabajar mucho más pensando en el próximo descanso.

Salí del trabajo alrededor de las cuatro de la tarde y llegué molida.

Me avisaron que se suspendía el taller de pintura porque la profe estaba enferma.

Dormí una siesta de dos hora. ¡Qué placer!

Me desperté y me puse a leer.

Claudia me invitó a cenar. Yo en camisón y en patas. Le pedí que no se enojara que lo dejáramos para el sábado.

Sábado 6 de noviembre.

Me desperté tarde. El libro estaba sobre la cama. En el lugar donde había resbalado de mis manos. Me levanté y desayuné. Acomodé la ropa y limpié un poco, no sea cosa que la hernia me estallara.

Almorcé con Nicolás y Lucas. Mientras Emilio hizo de las suyas. Otra vez todo en el suelo.

Fue en ese momento cuando mi mirada se detuvo en Lucas. El le daba de comer a Emilio. Los recuerdos se agolparon en mi mente.  Unos años atrás era yo la que sentaba a Lucas en la sillita alta y le daba de comer  en la boca y le decía: “vamos, una cucharada más y ya terminamos el plato” y ahora es Emilio que dice: “Aaaammmm”.

El pequeño, allá, no es más pequeño, acá. El pequeño gran hombre, mi bebé, con su bebé.

Volví tarde a casa.

………………

El llamado que esperaba recibir no llegó.

………………

Salí a cenar a “El establo”. María y Claudia me esperaron. Charlamos, comimos, nos reímos.

Me acosté tardísimo.

DOMINGO 7 de noviembre

Alfredo avisó que había llegado bien a México.

Cerré los ojos y recordé el viaje a “Los Cabos”. Morí por estar en el bar de la piscina tomando un mojito.

Almorcé con Lucas, Vicky y Paula en un resto-bar cerca del río. Emilio estuvo insufrible. Hacía mucho calor. Charlamos mucho. Lo pasamos muy bien.

Susana vino a casa a las 18. Mate y alfajores de chocolate. ¡Que vacas! Juan Carlos miró el partido por la TV. Imposible que se enganche con nosotras en la charla. No tiene chance.

El día se esfumó en silencio.

LUNES 8 de noviembre.

A trabajar!!!!.

Salí del Tribunal y fui de “visita” al banco para pagar las tarjetas. Para no perder la costubre, ja! Ja! Todavía voy bien este mes con las cuentas.

Pasé a retirar los dos pares de botas que llevé al zapatero. Tenía puesta las sandalias y se me estaban congelando los dedos de los pies.

Comi con Lili en el bar de Entre Ríos y Catamarca. Ella ñoquis yo sorrentinos. Menos mal que entramos pensando comer una ensaladita. Hasta pasamos el pan por el plato. Hacía rato que nos encontrábamos para charlar. Nos pusimos al día.

Cuando llegué a casa eran más de las 6.

A las 8 me fui a tomar un cafecito con Alicia. Me contó el viaje a Mendoza. De la Asamblea del gremio. Me costó creer que trabajaron un montón con talleres y charlas. Y yo que lo puteo a Piumatto. Me contó tantas cosas que debo reconocer, a pesar de que no comparto su ideología, que el desgraciado se mueve un montón. Para mi sorpresa: ¡Labura!!!!!!

MARTES, 9 de noviembre

Desde la mañana que salí a trabajar no volví a casa hasta la noche.

Trabajo, taller, hijos, nieto.

Me vine preocupada por Emilio. Tenía tanta fiebre que tuvieron que colocarle una inyección de no se qué chorizo para bajársela. Parecía un pollito mojado.

Volvieron los recuerdos de mis pequeños. Las corridas al pediatra. Las noches sin dormir.

Ahora sólo me queda preocuparme. Son otros los que corren al pediatra, otros los que velan la respiración del bebé y calman su llanto.

MIERCOLES, 10 de noviembre

Buen día de trabajo. Pequeños y grandes problemas que tuvieron solución.

Llegué a casa a las 4,

Comí un yogurt. Tomé una lágrima. Hice muchas cosas en casa. Nunca se acaban las tareas.

…………

Ya es tarde, me tengo que cambiar para ir al taller de Marce.