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Encima de César.-

     Como dos hermanitos

 

Aquella noche

me fui con el libro de Prévert

apretado al pecho

como si fuera tu seno

y lo usé de almohada.

La incerteza de la dicha en bruto

para un hombre solo

volviendo a caminar feliz

doscientos metros

alrededor de una sonrisa.

Sonará cursi

pero el recorrido de tu casa

a la mía era redondo

y esa noche

me pareció una calesita.

Frente al Hotel Rizzi

me golpeé tres veces la cabeza

con tu libro de Prévert:

Palabras, como un alerta.

El conserje se meneó alarmado

a punto de dar algún aviso.

Es que me ha visto otras noches

tropezando

                         insomne

                                            solitario

                                                                 bebedor.

Igual sentí una corriente trémula:

la desconfianza habitual

de que la dicha fuera inmerecida.

De que ese torpe borbotón infantil

que nos dimos tras las rejas

fuera sólo

un beso de hermanitos:

alguna piedad difusa

en el lugar de la fiebre.

¿Sería cierto aquel sabor

perenne en su boca

ese ardor de levísimo gesto

esa pequeña muerte

que cantó Vallejo

para bajar a la tumba

con el beso

como dos hermanitos…?

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                               Marcelo  Scalona