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M. Belén Irusta – Breves

Instantáneos

En blanco y negro se desgastó la mañana en calles frías y húmedas, autos móviles e inmóviles, transeúntes abrigados, apurados, inertes.

El reflejo en la vidriera de la esquina los definió dispares. Él era alto, delgado y elegante; ella  pequeña, bajita, desalineada.

En blanco y negro él se encendió en un impulso que consumió el oxígeno.

En blanco y negro ella intentó abrocharse el último botón de la camisa pero fue interrumpida por un estímulo que distorsionó la distancia en aquel abrazo arrebatado.

Labios nuevos se acomodaron en la tibieza, y fue primavera.

Café

Más allá de esa mesa la vida dirige una pieza en Do Menor. Gira, atropellada y estropeada. Resbala en los cristales, impulsa los coches, angosta las calles, apura relojes.

Cuerpos escapando del frío desfilan pensativos por las veredas. Se deslucen sombreros, abrigos, tacones, corbatas, maletines, carpetas y anteojos de marco negro.

La mano alcanza finalmente la taza y el aroma ahuyenta la somnolencia, aunque la idea de seguir soñando parece prometedora.

Piensa en ella.

Su mirada se posa sobre las letras del matutino. La escena de afuera se reinventa en tragedia escrita. Ojea las páginas, resignado.

Una bocina conduce su atención hacia la vidriera. Dos jóvenes amantes atraviesan en un beso la calle, las ventanas, los anteojos, el tráfico, las malas noticias, esa mesa y sus erradas conclusiones cotidianas.

Piensa en él.

María Belén Irusta